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Era un dilema para aquellos jóvenes judíos, obedecer a Dios y acatar las ordenes de Nabucodonosor. Quizá muchos de los judíos que fueron llevados cautivos a Babilonia, olvidaron pronto las costumbres de su país y se acomodaron pronto a la vida muelle, y mundana que en Babilonia podían disfrutar.

Estos jóvenes, habían sido educados en el mismo palacio del rey, con todo esmero, y ahora, ellos ocupaban altos cargos en el país. Es cosa natural que sintieran agradecimiento a Nabucodonosor: pero ante todo ellos eran fieles a su Dios, a aquel que en su infancia ellos habían aprendido a amar y obedecer, y que sabían era el autentico Dios.

Llegó la ora de la prueba para ellos. Él rey idólatra manda construir la gigantesca estatua y ordena que en todos sus dominios, al tronar de las trompetas y toda clase de instrumentos musicales todas las gentes habían de doblar su rodilla y adorar aquella estatua de oro, pero cual sería la sorpresa de la gente al ver que Sadrac, Mesac y Abed-Nego continuaban de pié sin hacer el menor caso al mandato del rey que había amenazado con arrojar a un horno ardiendo a aquellas personas que desobedeciesen sus órdenes.

Alguien fue con la noticia al rey: "Tus protegidos no han obedecido tus órdenes". Entonces como ahora siempre hay quienes están dispuestos a acusar a otro tratando de perjudicarle. Pero Dios está con ellos como lo está siempre con aquellos que cumplen su Palabra.

El rey los llama a su presencia y les conmina a que se arrodillen ante la estatua amenazándoles con el horno ardiendo. Contestando ellos que jamás harían algo semejante con un ídolo, ellos tienen fe en su Dios.

En las situaciones críticas de la vida es donde queda demostrada la realidad de nuestro carácter. En momentos como estos es cuando se demuestra la realidad y temple del carácter de las personas. Y ante situaciones decisivas es donde hay que decidir un camino u otro. Estas decisiones nos ocurren constantemente en la vida, claro y por supuesto que no nos espera el horno ardiendo como en el caso de estos jóvenes judíos; pero sí, contratiempos, desengaños y amarguras que a veces nuestra cobardía no es capaz de afrontar; y entonces escogemos el camino más fácil, negando nuestra confianza en Dios. Dar testimonio de nuestra fe, es más difícil podría traernos alguna complicación y entonces preferimos callar.

Si nos asustamos de la justicia de los hombres, temamos mas a la justicia de Dios. Y no olvidemos que su amor va unido a su justicia; pues Él es Amor porque es justo. Y Él nos dice: "Todo aquel que me negare delante de los hombres, yo lo negaré delante de mi Padre que está en los Cielos".

Volvamos a nuestros tres jóvenes. Su proceder es admirable. Ellos no miran su bienestar, ni su situación prominente, antes que sus intereses materiales estaba la dignidad y el honor de sentirse ciudadanos de otro país, que les había enseñado que solo se debe doblar la rodilla ante Dios, y que para eso no es necesario estatuas, ni redobles de tambores. Ellos sabían que al verdadero Dios solo hay que adorarlo "en espíritu y en verdad".

No es que ellos despreciaran a Babilonia, en parte les estaban agradecidos: pero cuando se trata de supeditar lo material a lo espiritual ellos son intransigentes. Yo diría ellos son fieles a su Dios.

Y seguimos con nuestra historia: ¡Que extraña sorpresa la del rey Nabuconodosor al asomarse al horno y contemplar como los tres jóvenes que el había dispuesto arrojar al horno, andaban dentro de el tranquilos, con cara apacible y sonriente! Pero lo más extraño para él fue comprobar que no eran tres los que andaban dentro del horno sino cuatro. Ese fue el secreto del triunfo de los jóvenes. Dios no los dejó. Dios estaba con ellos.

Dios podía haberlos librado del horno, en el momento tremendo de la prueba. Él podía haber apagado el fuego; pero no, Dios no hace nada de eso, el fuego ardía pero Dios protegía.

Vamos a estudiar los resultados de la fidelidad de este testimonio. Tal vez, las palabras de aquellos jóvenes no hicieron impacto en el corazón de aquel rey: pero la valentía y la entereza de ellos, su seguridad de salvación hizo exclamar al rey: "¡No hay Dios que pueda salvar como este!".

El carácter ejemplar de los tres jóvenes judíos fue el instrumento que llevó al rey al reconocimiento del verdadero Dios, y para nosotros puede ser un ejemplo inspirador de nuestro carácter cristiano.

Muchas pruebas tenemos que afrontar en esta vida, dejemos buen ejemplo de nuestro carácter cristiano, afrontando las dificultades con valentía, siendo sinceros con nosotros mismos, sin temor a lo que podamos perder, aunque en ello nos vaya la vida; pensemos que de nuestra actitud cristiana puede depender el conocimiento de Dios de alguien. Que nuestra fidelidad a Dios pueda servir de luz a aquellos que todavía están en tinieblas.

Nuestro carácter cristiano debe ser el instrumento de Dios para aquellos que no conociendo la verdad puedan exclamar ¡No hay Dios que pueda salvar como ese!

A veces nos sentimos impotentes ante las adversidades de la vida, pero la fe, ese bendito Don de Dios nos hará levantar los ojos al cielo y pedir al Padre la fortaleza necesaria para enfrentarnos a los problemas de la vida. Tenemos un arma infalible, la Oración. Oid lo que sobre la oración, dicen algunos hombres de Dios: "Mi deber es orar antes de ver ninguna persona. A menudo cuando duermo hasta muy tarde, no hago mi oración cuando debiera, sea antes que nada". Cristo se levantaba antes que amaneciera e iba a un lugar solitario a orar. David dice: "de mañana mi oración te previno". ¡Oh Jehová, de mañana oirás mi voz!

Y Dios va ha oír nuestra voz, porque a Él clamaremos; y Él estará con nosotros siempre.

 

C. Mesa Tienda.



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