(El Espiritu Santo y sus operaciones)


 

"Y como se cumplieron los dias de Pentecostés, estaban todos unánimes junto; y de repente vino un astruendo del cielo como de un viento recio que corría, el cual hinchió toda la casa donce estaban sentados; y se les aparacieron lenguas repartidas, como de fuego, que se asentó sobre cada uno de ellos, y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron á hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen." (Hechos 2:1-4).

Hay cuatro grandes hechos vitales que todo cristiano debería conocer y amar profundamente. Estos son: En primer lugar la Cruz; después la ascención de Cristo al cielo; en tercer lugar la presencia del Espíritu Santo sobre la tierra, y en cuarto la segunda venida de Cristo.

Todos los verdaderos cristianos hacen mucho caso de la Cruz; y muy generalmente tambien, ellos esperan la segunda venida de Cristo. ¡Pero ay! Los otros dos hechos intermedios son casi ignorados, y su importancia ha sido perdida de vista, aunque estos hechos distinguen nuestra dispensación de todas las otras.

Las bendiciones de la Cruz no son limitadas al periodo presente. Cada santo de cada periodo del pasado, del presente, ó del venidero, halla en la Cruz la base de toda bendición.

La segunda venida no és esclusivamente para los santos del periodo presente. Este gran suceso, bajo una forma ú otra, era importante para los creyentes de todas la economias ó dispensaciones divinas.

Pero los dos grandes hechos intermedios dán al Cristianismo su carácter único y distingue el periodo cristiano de todo lo que le ha precedido, y de todo lo que le sucederá.

Jamás, ántes, en la historia del mundo se pudo decir que entonces había un Hombre en la gloria y una Persona divina sobre la tierra, y nunca jamás en lo venidero, esto no será verdad. Estos dos hechos pertenecen esclusivamente al periodo cristiano. Es sobre ellos que la Iglesia ha sido fundada, y es sobre ellos que la Iglesia ha sido mantenida.

La Iglesia no ha podido ser formada, antes que Cristo haya sido glorificado como Señor resucitado y exaltado, y el Espíritu Santo haya venido para bautizar á los creyentes en un solo Cuerpo. En su actual travesia de este mundo, la Iglesia es sostenida por Cristo en la gloria, y por el Espíritu Santo en la tierra; y el bautismo cristiano significa que se confiesa creer que el entrar en la patria celestial, será la respuesta á la voz del Hombre en la gloria, y bajo la acción vivificante del Espíritu Santo sobre la tierra. (1a Tesalonicenses 4:16; Romanos 8:11).

El Espíritu Santo

En el libro de los Hechos, el Espíritu Santo es visto como una Persona divina en la Trinidad Eterna.

El nos abre los tesoros de la verdad divina, revistiendo de autoridad los embajadores de Cristo, y confortando á los santos en sus pruebas.

El Espíritu Santo es Una Persona de la Divinidad. Su nombre está junto á los nombres del Padre y del Hijo en Mateo 28, cuándo el Señor Jesús se despide de los discípulos al final de su peregrinaje en la tierra. Dios és revelado como Padre, Hijo, y Espíritu Santo. (Mateo 28:19).

El Espíritu Santo es llamado también el Espíritu Eterno en Hebreos 9:14.

En el periodo actual nosotros somos los felices beneficiarios de diversas operaciones del Espíritu Santo.

El Nuevo Nacimiento

El nuevo nacimiento es un acto que solo el Espíritu Santo puede operar.

Las palabras del Señor á Nicodemo en Juan 3, enseñan claramente que el primer nacimiento ó nacimiento natural, no da nada que sea capaz de hacernos entrar en el reino de Dios: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios. Dícele Nicodemo: ¿Como puede el hombre nacer siendo viejo? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

Lo que és nacido de la carne, carne és; y lo que és nacido del Espíritu, espíritu és. No te maravilles de que te dije: Os és necesario nacer otra vez. El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido; pero ni sabes de donde viene, ni adonde vaya: así és aquel que és nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo y díjole: ¿Como puede esto hacerse? Respondió Jesús y díjole: ¿Tu eres el maestro de Israel, y no sabes esto?" (Juan 3:1-10). ¡Es menester ser nacido de nuevo! El hombre nacido de mujer entra en este mundo trayendo la naturaleza de sus padres, más sus padres están en pecado. Al salir de las manos de su Creador, el hombre tiene la imagen de Dios; nacido del seno de su madre, él tiene la imagen y la naturaleza de criaturas pecadoras. De ahí, la fuerza de la expresión empleada por nuestro Señor: "Os és menester ser nacido de nuevo." El no ha dicho: Es menester que ós mejoréis, es menester procurar hacerlo mejor, es menester cambiar la manera de vivir, empezar una nueva carrera. Si hubiese sido de este modo, Nicodemo no habría preguntado: "¿Como estas cosas pueden hacerse?" Un fariseo no habría fallado en comprender estas reglas de conducta, más estaba dicho: Os és menester nacer de nuevo. De ninguna manera és una reforma lo que estas palabras piden; esto és, una regeneración; no un mejoramiento, y si la comunicación de una nueva vida.

¿Como procurarse esta nueva vida? ¿Como nacer de nuevo?: Acogiéndose por la mirada de la fé á Cristo crucificado. Todo hombre que cree con simplicidad de corazón al Hijo de Dios, como su Salvador, muerto y resucitado, és nacido de nuevo. El tiene la vida eterna. El ha pasado de la muerte á la vida; de la vieja creación á la nueva; de la condenación á la gracia divina; de las tinieblas á la luz. Y esto és por la acción del Espíritu Santo.

El Señor menciona también la palabra "agua", para indicar la manera que el Espíritu Santo emplea para producir la vida eterna. El agua es el símbolo de la Palabra de Dios, llamada también "simiente": "Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre." (1a Pedro 1:23). La Palabra de Dios presentada por el Espíritu Santo, comunica al corazón del hombre una dirección completamente nueva, una nueva medida para amar todas las cosas.

Y no solamente el hombre és cambiado; también él vé un reino donde el mundo no vé nada. Además, este nuevo hombre recibe una vida verdadera, y sobretodo mucho más preciosa que la vida que nos ha sido transmitida por nuestros padres. No se trata del cambio de un hombre por una acción sobre sus facultades, sino del don de una nueva vida que puede, ahora, ocuparse y obrar por medio de sus facultades, en cuestiones muy distintas de las de su capacidad natural.

Antes del nuevo nacimiento, nosotros teníamos una mala influencia alrededor nuestro; ahora nuestra influencia es bendecida, alegre y vivificante. A más, en esta vida nueva, somos hechos partícipes de la naturaleza divina, asociados al postrer Adán, Cristo, quien és "un espíritu vivificante".

Y la Iglesia es el conjunto de los creyentes que tienen todos esta vida nueva, esta vida eterna, que por la resurrección de Cristo es manifestadamente victoriosa sobre la muerte y el sepulcro.

La Fuente y los Rios Caudalosos de Agua Viva

En Juan 4, el Señor habla de una provisión abundante de gozo y de paz, de amor para cualquiera que recibe el don del Espíritu Santo.

Antes hemos hablado del nacimiento, ahora tenemos ante nosotros las características de la nueva vida. Esta vida debe ser caracterizada por la abundancia: "El que cree en mí, como dice la Escritura, rios de agua viva correrán de su vientre. Y esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él." (Juan 7:38-39) Esto no es un delgado hilo de agua, apénas lo suficiente en los tiempos de prueba y de angustia, es el desbordamiento que Cristo ha prometido. "Yo he venido para que mis ovejas tengan vida, y para que la tengan en abundancia." (Juan 10:10) El Espíritu Santo no llenaba solamente su vida íntima, sino que sobreabundando de ellos, desbordaba, llevando á su alrededor la bendición á los necesitados.

Los enemigos de Cristo, resentidos de que enseñasen al pueblo, buscan el secreto de un semejante poder. (Hechos 4:1,2 y 7) La aflicción sobreviene, pero no puede quitarles su profunda paz. Los dias se oscurecen, pero su fé irradia más y más luz. Las pruebas les golpean duramente, más su vida derrama á su alrededor una suma constante de bendiciones. Un inagotable, caudaloso rio de oraciones salen de su corazón. La alabanza sale de sus labios instintiva y espontánea, en una alegre canción de aprobación. La confianza és para ellos una segunda naturaleza; el gozo es el fruto natural, y el servicio incesante al Señor, es en ellos la respuesta diligente del amor que experimentan.

Ellos no se asemejan á las bombas, que para dar agua, por poca que sea, tienen que ser trabajosamente puestas en movimiento por una palanca. Ellos son unos pozos profundos, ahondados en el suelo, con tan grande abundancia de agua, que rebosa continuamente sobre la tierra. En ellos se cumple la promesa del Maestro. "El agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna." (Juan 4:14) Tal fué la vida de los apóstoles, después del dia memorable de Pentecostés. Los tímidos y vacilantes discípulos, quedan perplejos de si mismo. Han sido transformados en mensageros de Jesucristo, atrevidos, dedicados, heróicos, predicando su Evangelio con una potencia, un gozo, y una eficacia maravillosas. Tal fué Esteban, "lleno de fé y del Espíritu Santo", y Bernabé, "lleno del Espíritu Santo y de fé". Los hombres escogidos para servir á las mesas estaban "llenos del Espíritu Santo". Pablo, andando por montes y valles, por tierra y mar, en medio de viajes penosos era "lleno de Espíritu Santo". Esta vida abundante, Dios la ofrece á todas sus criaturas como derecho de nacimiento, su legitima herencia. Esta es una vida de amor abundante, una vida de paz abundante, que en medio de las más grandes pruebas guarda nuestros corazones en Jesucristo. Esta es una vida de potencia abundante para el servicio, no solamente para la predicación del evangelio, sino también para manifestar alrededor de nosotros los frutos del Espíritu, esto es: Caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fé, mansedumbre, y templanza. (Gálatas 5:22)

El Consolador

Es sobre todo el evangelio de Juan, el que nos introduce en una comunión bendita con las tres Personas de la Divinidad. El ministerio del Consolador está descrito en Juan 14:16,17,26; Juan 15:26-27, y Juan 16:7-15. "Y yo rogaré al Padre, y él os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: Al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce: mas vosotros le conocéis; porque está con vosotros, y será en vosotros. Más el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho. Empero cuando viniere el Consolador, el cual yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí. Y vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Empero yo os digo la verdad: Os es necesario que yo vaya: Porque si yo no fuese, el Consolador no vendría á vosotros; mas si yo fuere, os le enviaré. Y cuando él viniere, redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio. Pero cuando viniere aquel Espíritu de verdad, el os guiará á toda verdad: porque no hablará de si mismo, sino que hablará todo lo que oyere; y os hará saber las cosas que han de venir. El me glorificará: Porque tomará de lo mio, y os lo hará saber."

En estas palabras encontramos la dulce seguridad, la promesa de que en todo momento de nuestra vida, en todas las circunstancias de ella, desde lo alto de su trono glorioso, Cristo vela, con una mirada llena de amor, á todos los suyos en todo lugar. Nosotros podemos, á cada instante, contar con su intercesión, y es por esta intercesión que se ejerce el ministerio del Consolador. El Consolador ha sido enviado á la tierra para reemplazar la presencia de Jesucristo, y este Consolador estará con nosotros hasta que Jesús vuelva. En medio de un mundo de falsedades y de engaño, tenemos en nosotros el Espíritu de verdad, que nos dice la verdad concerniente al amor del Padre, concerniente al caracter del mundo, concerniente á nosotros mismos, y que nos transforma y nos purifica por la verdad.Por este ministerio, realizamos nuestra unión con Cristo; él está en nosotros y con nosotros. El Espíritu nos enseña todas la cosas concernientes al Hijo de Dios. Este mismo Jesús que ha sido odiado, despreciado, crucificado aquí en la tierra, comprende plenamente, cuándo los suyos son escarnecidos y rechazados. El sabe de lo que tenemos necesidad en tales circunstancias, en un mundo que combate y rechaza cada punto de la verdad que nosotros amamos.

En medio de un tal odio, el Espíritu de verdad viene personalmente para mantener el testimonio de Cristo. El se identifica con este testimonio y con los discípulos que le rinden. El viene gozosamente con nosotros para rendir testimonio á la gloria del Hijo de Dios. Sin duda esto es una guerra ofensiva y defensiva, este es él combate de la fé, que pide de nuestros esfuerzos y sacrificios, pero es el Espíritu quien nos abastece abundantemente de todas las armas necesarias, para que seamos invencibles en una lucha victoriosa. (Efesios 6:10).

El Espíritu acusa al mundo, que á pesar de la civilización, de la educación, y de la ciencia, es culpable ante Dios de rechazar y de asesinar á su Hijo. El pecado de este mundo és que desea siempre gritar de nuevo: "Quítalo, crucifícalo". Por la glorificación de Cristo, el mundo ha sido yá juzgado; el sitio que Satanás quería usurpar, ha sido ya dado á Jesucristo, y para asegurarnos de la victoria definitiva, el Espíritu Santo nos enseña las cosas que han de venir.

El Bautismo del Espíritu Santo

"Porque por un Espíritu somos todos bautizados en un cuerpo, ora Judíos ó Griegos, ora siervos ó libres; y todos hemos bebido de un mismo Espíritu." (1a Corintios 12:13)

La regeneración, el sello, las señales, y la unción, son las bendiciones individuales otorgadas al que cree. En cambio, el bautismo del Espíritu es una bendición colectiva; por esta verdad nosotros sabemos que estamos juntos, unidos en un solo Cuerpo. El Espíritu Santo obra con un poder divino, para animar y dirigir los miembros del cuerpo en su relación los unos con los otros. Todo el capítulo 12 de 1a Corintios está dedicado á este tema. En el encontramos diversidades de dones, de servicios, de operaciones, pero para cada ministerio encontramos un solo Espíritu, un solo Señor, un solo Dios. Dentro de la diversidad de las operaciones, él obra conforma á un plan divino en relación con la unidad. Ningún don espiritual nos es dado para una gloria, ó satisfacción personal. Todo debe servir para la edificación y ayuda de todos los miembros.

Una cosa maravillosa dentro del Cristianismo, es que una multitud de personas, de diferente situación, educación, temperamento y de edad, pueden ser igualmente liberadas del "yo" y dirigidas por el Espíritu Santo, que en su reunión y su acción colectiva, establece un orden perfecto, ponen de manifiesto una sumisión recíproca, y que todo lo que se hace es para el mutuo provecho. Esto és lo que debiera de realizar siempre la Asamblea de Dios.

Tal como los miembros del cuerpo humano, siendo de una diversidad absoluta, bajo el control de una sola voluntad cumplen sus funciones de una manera armoniosa, así es el Cuerpo de Cristo. Todos los santos en los cuales habita el Espíritu Santo, son asociados bajo esta denominación colectiva (1a Corintios 12:12). Esto no es una asociación voluntaria de creyentes que están de acuerdo en obrar de determinada manera; és una unidad orgánica formada en el poder del Espíritu. Y esto de una manera real, visible, palpable aquí sobre la tierra. Esto és, lo que és el Cuerpo de Cristo.

Cuando somos, individualmente, bautizados por un solo Espíritu, cuando bebemos en la fuente de agua viva, ya és por la unidad que somos bautizados; y por el bautismo del Espíritu que abraza la totalidad de los que han bebido de El, él solo Cuerpo está formado. Nosotros entramos allí por la gracia y el poder del Espíritu, y nosotros allí habitamos por esta misma gracia y poder, juzgando y mortificando los pensamientos y la voluntad de la carne. En este Cuerpo aquí en la tierra, es menester que todo el caracter de Jesucristo sea manifestado. Todo lo que El és en su vida, en sus afecciones, en sus pensamientos, como caracter debe ser visto colectivamente en los suyos. Nosotros debemos ser el reflejo de todo lo que és en Cristo, en obediencia á Su nombre aquí bajo, hasta que El venga.

La sujeción á su autoridad está descrita en Mateo, la actividad en el servicio á El, se halla en Marcos, la representación en su caracter moral, como Hombre perfecto la hallamos en Lucas. Y en Juan aprendemos á representarlo como un Ser celestial.

Estándo unidos á Cristo en su gloria celeste, nosotros somos representantes de lo que es el cielo, aquí bajo. Estos son los cuatro carácteres que deben ser manifestados en el Cuerpo de Cristo, durante la ausencia del Señor.

Por esto es menester que la carne sea condenada, que el viejo hombre sea puesto de lado, y que en la colectividad todo sea hecho por el Espíritu Santo.

El bautismo del Espíritu és historicamente descrito en Hechos 2, para los Judíos, y en Hechos 10, para los Gentiles. Y en este solo cuerpo somos introducidos por la operación del Espíritu Santo, en el momento que recibemos, por la fé, el evangelio de nuestra salvación.

Así cada creyente tiene tanto responsibilidades colectivas, como individuales. Esto és en la práctica, la acción del Espíritu en cada hijo de Dios. Y estos que piden ser llenos del Espíritu Santo, deben comprender que la primera consecuencia de esta plenitud, será el abandono de toda independencia, el juicio de todo sistema humano, y el deseo de obrar como miembro viviente del solo Cuerpo, para gloria de Cristo.

¡Oh Dios que nos has reunido

De Jesucristo alrededor!

Con corazón agradecido

Celebramos tu eterno amor.

¡Gloria a tu Nombre, nuestro Padre!

¡Gloria por tu inefable dón!

¡Que tus hijos te exalten en la tierra

Mientras nos llevas a tu mansión!

 

PABLO CHRISTIAANSE - NL-3421 HX 8 OUDEWATER


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