¡ EL SER HUMANO IMAGEN DE DIOS !

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¡ EL SER HUMANO IMAGEN DE DIOS !
« en: Abril 29, 2010, 02:41:15 pm »
El ser humano, imagen de Dios

La vida del hombre se muestra en las páginas bíblicas como un bien de inapreciable valor. El evangelista Marcos narra cómo Jesús, después de haber anunciado su próxima muerte a los discípulos, les formuló algunas cuestiones acerca de la vida humana, como: "¿qué recompensa dará el hombre por su alma?" (Marcos. 8:37). Es decir, por su vida, por su persona. ¿Hay algo que pueda valer tanto como la vida del ser humano? ¿Existe algún ser que sea tan valioso como para provocar la muerte de Cristo en una cruz? No hay nada en el mundo tan preciado como la vida del hombre. 
 
Mateo, por su parte, recoge otras palabras del Maestro pronunciadas en el contexto de una enseñanza acerca de a quién se debe temer. Y escribe: "Así que no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos" (Mateo. 10:31). Por supuesto que Dios ama la vida animal. Las aves y el resto de los seres vivos son queridos por el Creador puesto que son obra suya. Pero la vida del hombre es "otra cosa". Dios la valora de otra manera porque es imagen suya. La idea aquí es, si Dios se preocupa por criaturas como los pequeños gorriones, cuánto más se cuidará de los hombres que confían en Él, sus hijos predilectos.


Por medio del concepto "imagen de Dios", el Creador desea manifestar al ser humano que éste posee una profunda dignidad. El hombre y la mujer no son el ciego producto del azar, como afirma el determinismo materialista. La vida humana no es sólo un montón de moléculas que juegan a las leyes de la física y química. Pero tampoco somos ángeles caídos, superhombres o semidioses, como ciertas concepciones míticas han propuesto a lo largo de la historia. Ni ángeles, ni bestias. Tan sólo personas con dignidad de hombres por ser reflejo de lo divino.


Ensalzar a la criatura humana hasta el nivel de Dios no es cristiano, pero envilecerla y degradarla a la posición del gusano o la ameba, tampoco lo es.


La Biblia enseña que la dignidad humana afecta al ser humano completo y no sólo a una dimensión de éste. Ciertas teologías equivocadas han defendido que la "imagen de Dios", el reflejo divino, únicamente se podía manifestar en la espiritualidad. En aquello que generalmente se entiende por "alma". Pero la Biblia jamás apoya esta interpretación. También el cuerpo es imagen de Dios. Se trata, en realidad, del hombre total con sus capacidades físicas, psíquicas y espirituales quien constituye la "estatua" que representa al Creador en este mundo material.


El apóstol Pablo les hablaba a los corintios acerca de glorificar a Dios con el cuerpo y les decía: "Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo... ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?...¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?" (1 Corintios. 6:13,15,19). Mientras aquellos falsos maestros que se enfrentaban a Pablo sostenían que lo que se hiciera con el cuerpo carecía de importancia de cara a la eternidad, el apóstol defendía, por el contrario, que el cuerpo y todo lo relacionado con él, como el comportamiento sexual, no podía separarse de la personalidad total del ser humano.


Pablo entendía que el cuerpo de los creyentes poseía una incomparable dignidad, por ser la morada del Espíritu Santo. Y que cuando un cristiano se entregaba a una prostituta, como solía ocurrir en Corinto debido a la relajación moral de las costumbres, era como si se profanase un auténtico templo de Dios. De manera que la dignidad de la dimensión corporal del creyente consistía, para el apóstol, en ser receptáculo de la divinidad. Nuestro cuerpo es pues un don de Dios que debemos cuidar responsablemente y tratar de manera sabia, ya que no nos pertenece. El creyente pertenece al Señor con todo su ser, puesto que ha sido comprado "por precio" (1 Co. 6:20).


No obstante, la dignidad radical de todos los seres humanos, sean o no creyentes, tiene también su último fundamento en Dios por haber sido creados a su imagen. Esta tal dignidad implica que la persona humana debe ser tratada siempre como un sujeto y nunca jamás como objeto. De ahí que el respeto al hombre y el derecho fundamental a la vida sean valores prioritarios que deben ser defendidos sin condiciones. El cuerpo humano no debe entenderse sólo como un conjunto de órganos y funciones, al igual que el de los animales, sino como la parte física mediante la cual se manifiesta una persona.


Aunque la ciencia, en particular la biología y medicina, constituyan excelentes ayudas para el bienestar de la humanidad, la dignidad del hombre exige hoy que no se divinice o mitifique a los científicos, dejando en sus manos todas las decisiones acerca del origen y futuro de los seres humanos.

Antonio Cruz Suarez

La Paz del Señor sea sobre vosotros