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Erskine
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« Respuesta #36 : Octubre 12, 2008, 06:25:09 » |
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Bendiciones para todos.
(Continuación.)
Es relevante señalar, que con la adhesión de mi familia al movimiento adventista, que se estaba organizando en nuestro pueblo, se motivaban los esfuerzos que realizaba tal organización. ¿Por qué lo digo? Eramos 9 hijos, y con mi mamá, eran 10 miembros potenciales que ¨registraban¨ los adventistas de un sólo golpe. Además, el mayor de mis hermanos tendría como 17 años, por lo que éramos todos, prácticamente, niños. Y eso, para el movimiento adventista, era promisorio y ventajoso para lograr una formación y lealtad en nosotros, que resultaran idóneas al mismo.
Los temas bíblicos fueron siendo acompañados con trazos históricos. Una identidad secreta de la iglesia católica parecía ser ahora revelada por citas y notas que los maestros compartían. Nos enseñaban como ésta había sido responsable de grandes persecuciones contra la Iglesia de Cristo.
Era útil, y es útil saber estas cosas. Pero más adelante vería que una de las cosas más útiles para el adventismo, en la exposición de los horrores y errores de Roma, era vincular el haberse cambiado el reposo sabático al dominical, a otra estrategía papal católica.
Me parecía todo un privilegio ser considerado parte de esa iglesia. Y como niño, que no sabe uno agradecer bien en esa etapa inicial de la vida, yo pensaba que escaseaba en privilegios. Muy pocas veces la ropa que usábamos era nueva; tener una bicicleta en día de reyes parecía un sueño imposible, sin embargo, para otros niños del residencial, era una realidad disfrutada; mi papá no pasaba suficiente tiempo con nosotros, etc. Por eso, ahora que me encontraba en una iglesia, que hasta exponía las mentiras de la tan preeminente Iglesia Católica de mi pueblo, (Y el que conoce el pueblo de Hormigueros, sabe que sobre una loma del mismo se levanta la famosa, bastante frecuentada y legendaria Iglesia de la Monserrate.) ... me sentía privilegiado. Ya nos estaban diciendo abiertamente que la Iglesia Adventista era la verdadera. Nuevamente.... ¡Qué privilegiado me sentía!
¿Ponía yo eso en duda? Nunca. ¿Qué iglesia tenía un profeta que era el que la biblia había anunciado que sería el espiritu de profecía? La Adventista. ¿Qué iglesia tenía a una mujer que había escrito tantos libros ¨inspirados¨ por Dios? La Adventista. ¿Qué iglesia tenía el verdadero sello de quién era el pueblo de Dios? La Adventista, ya que era la que guardaba el día sábado, que según lo que me enseñaban, era el sello que identificaba al verdadero pueblo escogido.
Todo un privilegio, para un niño de alrededor de 10 años, que aunque de familia pobre, tenía ahora la riqueza de estar en la ¨verdad¨.
Por eso, cuando las clases bautismales se anunciaron, a esa edad yo quería participar. Tuve que esperar por espacio de un poco más de un año.
Pero pude presenciar los primeros bautismos. Miraba los rostros de los participantes para ver si había algún cambio inmediato. Pues recordaba cómo una paloma había descendido sobre Jesús al ser bautizado. Ajeno estaba yo de que otras iglesias, incluyendo las que eran consideradas ¨no pueblo¨, también bautizaban adultos. Pero sí había escuchado, y leido el término: Bautismo en el Espíritu¨. De esto, no se hablaba mucho en la iglesia adventista.
Como disfrutaba de la lectura desde muy niño, hubo una serie de libros, que con esfuerzos mi madre compró a plazos a un colportor (Término también nuevo para mí.) adventista, que se convirtieron en mi lectura predilecta. ¨Las bellas historias de la Biblia¨, que así se llamaban, eran una serie de libros por tomo, que narraban la historia bíblica de manera sencilla y con ilustraciones, especialmente para niños y jóvenes.
Su autor, Arthur Stanley Maxwell, era un renombrado autor adventista. Las ilustraciones dentro del libro también eran realizadas por un adventista, el pintor Harry Anderson. ¿Tendrían algo de la doctrina o enfoque adventista esta serie de tomos?
Sí. Y junto a los libros de Elena G. De White, esta serie sería la que me daría una estructura adventista. Pero, Dios en su soberanía y sabiduría, usaría estas historias que ávidamente leía, de alguna manera, para irme abriendo los ojos a una verdad trascendental; verdad que los líderes adventistas, a adrede o no, me ocultarían por casi 10 años.
(Continuará, Dios mediante.)
Copyright2008 Erskine
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