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Autor Tema: Yo estuve en el adventismo. (Testimonio personal.)  (Leído 22923 veces)
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Erskine
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« : Agosto 31, 2008, 03:40:52 »

La gracia del Señor Jesucristo los cubra.


Estaba esperando el momento indicado para compartir en los foros, sobre mi tiempo en el adventismo, y qué ocurrió, que salí de ese movimiento.

Lo haré a modo de narración, y a la vez, de enseñanza. Quiero enfatizar que esto no es un cuento, es una experiencia de mi vida. No lo hago para denigrar a nadie, simplemente para testificar de la verdad del evangelio, y la intervención continua de Dios para acercarnos a Él.



Me crié en el pequeño pueblo de Hormigueros, Puerto Rico. Raras veces, se celebraban en ese pueblo, festividades o eventos de trascendencia, a excepción de las tan sonadas fiestas patronales. Éstas se celebraban durante las primeras semanas de septiembre, si mal no recuerdo, y se ¨armaban¨ al lado de la plaza pública; en un enorme lote vacio, propiedad del Municipio.

Nosotros vivíamos como a dos bloques y medio (Calculando distancias aquí.) de esa plaza y terreno, por lo que era para mi y mis hermanos, de suma alegría esa temporada. Se llenaba el área circunyacente a nuestro apartamento, de vehiculos y de personas provenientes de distintos puntos de la isla, durante los días que duraban las fiestas. Al llegar las 5:00 de la tarde, estábamos ya ansiosos, pues, las máquinas, caballitos, sillas voladoras y la ¨magestuosa estrella¨, comenzaban a ser activadas por los operarios; anticipando una noche más, llena de niños haciendo fila con sus ¨tickets¨, jóvenes comiendo pinchos y algodones de azúcar, adultos jugando en las ¨picas¨ y engullendo los famosos bacalaitos fritos.

Horas más tarde, desde la plataforma de la plaza pública, a casi 15 metros de la estatua de Segundo Ruíz Belvis, se escucharía la voz del animador de la parte musical de la fiesta, haciendo los anuncios sobre la orquesta o ¨artista¨ invitado de esa noche. El jolgorio se extendía casi hasta las dos de la mañana.

Como éramos de recursos escasos, y, nueve hijos, las carreras en las máquinas para montar, eran todo un lujo para nosotros. Sólo el día en que se regalaban boletos en la escuela pública, para montar, disfrutábamos bastante de las ¨machinas¨, como les llamábamos.

Cada año era ese el evento de mayor trascendencia para nosotros, al igual que el día de Navidad.

Pero hubo un año, en el cuál el terreno al lado de la plaza, fué ocupado para otro evento. No era Septiembre, pero sí recuerdo que era para tiempo de verano. Una gran lona o, carpa, parecida, por lo menos en anchura, a la que usan los circos, había sido montada en el área que usualmente era ocupada por el ¨Tempest¨, una máquina famosa de las fiestas patronales.

Yo tenía como 10 años, y creí que se trataba de un circo. Pero días después, frente a aquella lona, se había levantado un gran rótulo de vinilo con un anuncio parecido a este: Cruzada de Integridad Familiar.

No era un circo; era una actividad con énfasis en la vida de la familia. Unas cuántas personas, bien vestidas, y de amable hablar, estarían tocando las puertas de cada apartamento en el residencial Gabriel Soler, en esos días, y dejando formalmente invitaciones a cada residente, para asistir a las actividades que comenzarían ese fin de semana, bajo aquella lona.

A mi mamá, y a nosotros, desde luego, nos intrigó. Y además, era algo no visto durante mis años de existencia, en el pueblito de Hormigueros. Iríamos.

Para ese entonces, yo no sabía que era una actividad organizada por el movimiento adventista. Ni siquiera había escuchado ese término antes. Pero de eso, compartiré en mi próxima narración.

Finalmente llegó el esperado viernes, y con la mejor ropa que tenía, recuerdo entrar por esa lona,  junto a mi madre y varios de mis hermanos.


Continuará...




En Cristo..........Erskine.

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« Respuesta #1 : Agosto 31, 2008, 03:45:57 »

Erskine continuele pronto por que nos deja como decimos en méxico picados (adentrados en el tema) ..bendiciones.. Muy bien
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Erskine
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« Respuesta #2 : Agosto 31, 2008, 04:59:51 »

Pronto continuamos *?.{Rene}.?* .


Bendiciones.
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« Respuesta #2 : Agosto 31, 2008, 04:59:51 »

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« Respuesta #3 : Agosto 31, 2008, 05:06:53 »

Otra mexicana leyendo y también me quedé "picada"

Esperamos leer pronto la continuación, DTB Erskine.
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Erskine
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« Respuesta #4 : Agosto 31, 2008, 05:12:50 »

Dios también te bendiga *♥Janny♥* .
Por lo menos sé que han quedado dos lectores picados, y eso me pide premura. Osea, que entre cada narración, no pase mucho tiempo.

Dios así me ayude.

Tengas un pleno fin de semana y lo mismo para *?.{Rene}.?*.
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« Respuesta #5 : Agosto 31, 2008, 05:23:55 »

Igualmente Erskine esperamos su proximo escrito y de igual manera un fin de semana pleno..Bendiciones
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Yady
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Yahvé-Nisi...¡Dios lucha por mi!


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« Respuesta #6 : Agosto 31, 2008, 10:58:39 »

Me quedé con deseos de seguir leyendo...!
A la espera... Muy bien
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Erskine
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« Respuesta #7 : Septiembre 04, 2008, 01:54:15 »

Será cuestión de horas, o, hasta menos, cuando vuelva con la narración, *♥Yady♥* , queriendo Dios.


(Ví tu video. Me recordaste, por tu acento, mi amado terruño borincano.)

Bendiciones, compatriota, hermana y consierva.
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« Respuesta #8 : Septiembre 04, 2008, 02:51:51 »

Será cuestión de horas, o, hasta menos, cuando vuelva con la narración, *♥Yady♥* , queriendo Dios.


(Ví tu video. Me recordaste, por tu acento, mi amado terruño borincano.)

Bendiciones, compatriota, hermana y consierva.
Gracias Erskine! Seas muy bendecido!
Le digo a las personas que no tengo acento...pero parece que los boricuas nos conocemos...jejeje Gracias por tus bendiciones!
Esperamos seguir leyendo mas de tus aportes y que asi mismo, compartas en los demas mensajes! Wink
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Awesome_God
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i just wanna walk and talk with (YOU)


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« Respuesta #9 : Septiembre 04, 2008, 04:08:46 »

Interesante.. esperamos mas.... Smiley
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Erskine
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« Respuesta #10 : Septiembre 05, 2008, 03:04:11 »

Bienvenida Awesome_God .

Bendiciones a todos.

Continuación.


¿Qué recuerdo? Que aun cuando ya sabía que no se trataba de un circo, pensaba encontrar las sillas organizadas en manera circular, mas, no era así. Estaban todas mirando en una misma dirección, hacia una plataforma. Varias personas vistiendo corbatas, nos recibieron. Fuimos de los primeros en llegar. A mi madre siempre le gustó llegar a tiempo a los lugares. Mientras esperábamos por la ¨función¨  ví una buena cantidad de libros sobre una mesa, a un lado. A la entrada, nos habían entregado unos cartoncitos y un boleto con números. Al cartoncito le habían hecho una pequeña perforación.

Seguían llegando personas; de ellas, muchas conocidas. Gente del residencial se animaron a venir y a ver lo que se iba a presentar esa noche en aquella carpa.
Cuando el lugar fue ocupado por bastantes personas, comenzaron el programa.

A cada uno se le había entregado un cartoncito y un número.

Uno de los organizadores tomó varios libros de aquella mesa, y de una caja, fue tomando números. Según los leía, preguntaba quién tenía el mismo número, y les regalaba uno de los libros. Aquello me gustó. Estaban regalando cosas.
Había que venir más. No recuerdo haberme ganado un libro en aquellas reuniones, pero, cada noche anticipábamos el momento de la lectura de los números.

Pero lo mejor, por lo menos desde mi mirada de adolescente de caserío, estaba por darse: una película.
No recuerdo exactamente de qué trató la de la primera noche, pero entre las que recuerdo haber visto, estaban algunas sobre los peligros del tabaco, el aborto y una serie de los institutos Moody, basada en la ciencia y un análisis bíblico.
Esas eran mis favoritas. Duraban entre 30 a 40 minutos.

Tengo distintas imágenes grabadas de aquel lugar, entre ellas, rostros;
especialmente el del principal orador de aquellas reuniones. Aunque su nombre no lo olvido, me referiré acá, únicamente por su apellido.

El señor Ortiz.

Me impactó la voz que tenía, y su carisma. De igual manera, tenía un rostro agradable y amistoso. Según las reuniones iban avanzando, hubo una declaración, que más tarde se convertiría en estribillo, en nuestras comunes conversaciones, que el orador repetía frecuentemente durante sus sermones.

Era: Si la biblia lo dice, lo creo. Si la biblia no lo dice, no lo creo.

El señor Ortiz, iba hablando de cosas que me resultaban familiares, y otras, nuevas. Enfatizaba sobre diez mandamientos, y en especial, uno de ellos que hacía referencia a un día especial.

También mencionaba nombres de personas que aunque no aparecían en la biblia, parecían ser de gran importancia en sus sermones; los Miller, y Elena G. White.

¿Quiénes eran ellos? Más tarde me lo enseñarían.

Las reuniones continuaron seguidas, cada noche, desde aquel viernes.

Llegábamos, nos saludaban, nos entregaban un número, y perforaban el cartoncito.

Fuí notando que la asistencia había disminuido en número.

Los temas ahora se enfocaban más en lo que nosotros mirábamos como, religión, y en unos libros que el orador citaba, y de los que leía desde la plataforma.

Hasta donde recuerdo, fuimos a cada reunión. Había unos premios para quienes tuvieran una asistencia perfecta. Por eso lo del cartoncito.

Entre mis recuerdos está, el de ver cómo a mi madre le entregaban una enorme biblia color blanca, con ilustraciones dentro, por haber ido a cada reunión.

En casa, esa biblia ocuparía un lugar de preeminencia. De igual manera, al cierre de aquella serie de actividades, el señor Ortiz nos haría una visita a casa, antes de despedirse de todos los que le habíamos conocido en la carpa.

Pero, la carpa no cerraría. Se mantendría abierta, y en sus funciones, aunque ya no cada día, pero sí con un énfasis cada vez más marcado, en lo que era ser adventista del séptimo día.


Continuará.


Erskine.

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« Respuesta #11 : Septiembre 06, 2008, 09:14:49 »

Continuación



Una vez cesaron las reuniones de cada noche, hubieron varios cambios en la dinámica de aquella organización.

De entre los estéticos: El rótulo fué removido.

Ahora las reuniones se hacían ciertas noches, y hasta en horas del día, particularmente los sábados. La manera de desarrollar los temas, también había cambiado. Ahora era enfocado en la identidad de un pueblo, que a su vez tenía marcas muy peculiares. Yo a esa edad, estaba experimentando ser parte de algo. Por venir de un hogar, en donde la figura paterna era algo distante, y un ambiente a veces, difícil, las personas de aquel lugar y las reuniones, comenzaron a arraigarse en mi, con calor de hogar, y yo a ellas.

La palabra, ¨adventista¨, era repetidamente dicha, y poco a poco fuí asimilando el concepto.

Algo que me llamó la atención fueron los cánticos, tomados en su mayoría, de un himnario de tapa negra. Allí tuve mis primeras impresiones de himnos clásicos, y de cantos que parecían haber sido escritos por gente adventista, pues entre ellos, habían algunos que proclamaban las creencias de la organización.

Por años, había escuchado cánticos desde la plaza pública de mi pueblo, con una connotación más celebrada, en las campañas públicas de varios días que daba la iglesia pentecostal de Hormigueros. Pero, esos cánticos no los escuchaba en las reuniones dadas bajo aquella carpa. De hecho, se cantaba mayormente a ¨cappella¨ en aquel lugar.

Hubo un canto, no tomado de aquel himnario, que se volvió predilecto de las reuniones, en la medida en que éramos ¨enseñados¨ sobre el adventismo.

Decía así:  Soy adventista; soy adventista,
                del séptimo día soy.
                Jesucristo era adventista,
                por eso yo lo soy.

¿Jesucristo era adventista? Ese era un concepto totalmente desconocido para mí.
En mi mente juvenil, me preguntaba, ¿cómo nunca, ni en las películas de semana santa, se mencionaba ese hecho? Entonces, si Jesucristo era adventista, lo más lógicamente indicado era que debiámos serlo nosotros también.

Aquél concepto sí se metió en mi corazón.

(Claro, habrá algún lector que piense: Sí, pero es que adventismo indica algo o alguien que proclama un advenimiento, y Cristo proclamaba su retorno a la tierra continuamente.)

Puede ser obvio el concepto para quien maneja términos, y entiende de sus aplicaciones, pero, para gente que desconocía eso, y para jóvenes como yo, la idea que tomábamos era otra. Y ellos, los organizadores, sabían eso.
Era inofensivo, aparentemente, aplicarle el título de adventista al Señor Jesucristo, pero, no era una manera honesta de tratar de hacer adeptos. Hoy lo entiendo, en aquel entonces, acepté aquello como verdad absoluta.



Una pareja que había quedado a cargo del grupo de asistentes, comenzaron a visitarnos en los hogares. Allí, recuerdo, nos daban estudios bíblicos. Parecían tener respuestas a toda pregunta que hacíamos.

Teníamos conocidos pentecostales, y llegamos a preguntar sobre ellos y sus creencias, en distintas ocasiones, y casi siempre en las respuestas que recibíamos, el guardar un día en especial, era lo que hacía la diferencia. Ese sería otro punto que se arraigaría a mi corazón fuertemente; ya que, sería un distintivo que según ellos, marcaba a quien pertenecía al pueblo verdadero de Dios, Y yo quería ser parte de ese pueblo.


Continuará, Dios mediante.


Erskine.

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el que habla
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Dios es bueno, y para siempre su misericordia es.


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« Respuesta #12 : Septiembre 06, 2008, 11:09:03 »

esperaremos con paciencia  Azn Azn Muy bien
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*Gatita*
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Porque por gracia sois salvos Efesios 2:8


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« Respuesta #13 : Septiembre 10, 2008, 04:28:24 »




Yo tambien espero......mmmmmmmmm
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« Respuesta #14 : Septiembre 14, 2008, 12:46:39 »

Bendiciones reciban, el que habla y *♥Gatita♥* .
 
(En esta narración hago declaraciones desde el punto de un adventista, como era yo. Cada vez que vea necesario hacer una aclaración, u, observación, lo haré en letra cursiva.)


(Continuación.)

Durante las semanas que siguieron, las reuniones bajo aquella carpa se formalizaron, y ahora de manera más abierta se explicaba que eran de doctrina adventista.

El tema en el que se enfatizó bastante, especialmente en las ahora organizadas clases para principiantes, o, ¨inconversos¨ fue el de la creación. Y el punto en el que notaba que se dedicaba mayor espacio en los cuadernos de texto, era aquel que hacía referencia al descanso de Dios en el día séptimo.

Fui teniendo la impresión, dado el énfasis, que era un día sumamente especial; mucho más que el día sexto, en el cual el hombre había sido creado. Una porción del himnario, tenía cánticos haciendo honor a la observancia del sábado.

Uno de ellos, que llegué a cantar cientos de veces, era el himno número 475.
Su primera estrofa decía así:

   Señor, reposamos en tu santo día,
   cumpliendo el mandato legado por tí.
   Reposo buscamos, Dios nuestro, en tu seno;
   que así ordenaste en el Sinaí,
   que así ordenaste en el Sinaí.

Esto, precisamente, del Sinaí, sería más adelante clave, para yo entender acerca del nuevo pacto, en el que Cristo introducía a la humanidad una vez se dió en sacrificio.

Dios sí había santificado ese día. Lo había leído en Génesis. Entonces, era un día muy especial. Llegarían a enseñarme que el verdadero pueblo de Dios, guardaba ese día; Y años después, que ese era el sello del pueblo que Dios sí aprobaba.


Abrazé la idea. Era para mí un descubrimiento, que ansiosamente comenzé a compartir con mis amigos del caserío. Aunque, yo era tímido, con mis amigos más cercanos, era bastante extrovertido y expresivo.

El tema del sábado se convirtió en uno de mis predilectos. Y ¿cómo no? Me habían dicho que era lo que mostraba quién era del pueblo de Dios, y hice de ese concepto, uno que utilizaba para concluir quién era y quién no.

...¨Pero ella fué sanada de cáncer¨- Me diría algún amigo mio.

   ¨¿Guarda ella el sábado?¨- Preguntaba yo.

Si la respuesta era: no, mi conclusión era simple. El que no se reunía, o, guardaba ese día, no tenía la aprobación de Dios.

Cuando tomamos las clases acerca del decálogo, o, los diez mandamientos, me arraigé aún más a la doctrina sabática. Pero fue durante las lecturas, o citas de fragmentos de los libros de Elena G. De White, que ví el sábado como algo sumamente grande e imprescindible, inclusive, para la salvación.

Ya nos estaban explicando que esta mujer había sido escojida por Dios como profetiza, y que ella era el espíritu de profecía del tiempo final.
 
Entre las citas de la profeta adventista, que fueron leídas en nuestras reuniones de adoctrinamiento, estaba esta:

   ¨Se me mostró que todo el cielo contemplaba y observaba durante el sábado a los que reconocen los requerimientos del cuarto mandamiento y guardan el sábado. Los ángeles tomaban nota de su interés en la institución divina y su alta consideración por ella¨ Elena G. De White. Joyas de los testimonios pág. 289.

Entonces, sí era sumamente importante guardar el sábado. Todo el cielo mira hacia la tierra, y los ángeles toman nota de quién guarda ese día,- concluíamos.

Durante varios años, antes de que se levantara la carpa adventista en mi pueblo, una muy querida hermana pentecostal, a quien llamaré acá, Raquel, nos había estado visitando esporádicamente al hogar. Nos hablaba de la biblia, de manera informal, y se arodillaba a orar por nosotros. Recuerdo que hablaba en lenguas; algo que a veces a nosotros, como niños de un hogar no convertido al Señor, nos hacía reir. Llegó a llevarnos, con la aprobación de mi madre, a una que otra reunión en la iglesia pentecostal.

Raquel, quien también residía en aquel caserío, era conocida de todos, por su abierta declaración de servir a un Cristo vivo.

Años después, yo estaba dando los primeros pasos en el adventismo, mientras Raquel (razonaba yo) después de todo, estaba muy lejos de la verdad.
Ya yo, una vez ¨experto¨ en materia religiosa, podría explicarle a Raquel sobre el verdadero pueblo de Dios.

Para mí era simple. Raquel no era del pueblo de Dios. Ella no guardaba el sábado.


(Continuará, Dios mediante.)


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