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Autor Tema: MEDITAR EN DIOS  (Leído 112 veces)
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…Mar!!!*
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ℓα ρяυєвα ∂є νυєѕтяα ƒє ρяσ∂υ¢є ρα¢ιєη¢ια


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« : Agosto 19, 2012, 10:34:16 »

Alguien ha dicho que el estudio apropiado de la humanidad es el hombre. No voy a negar este concepto, pero pienso que es igualmente cierto que el estudio apropiado para los elegidos de Dios es Dios mismo; el estudio apropiado para el cristiano es la Deidad. La ciencia más elevada, la especulación más encumbrada, la filosofía más vigorosa, que puedan jamás ocupar la atención de un hijo de Dios, es el nombre, la naturaleza, la persona, la obra, los hechos y la existencia de ese gran Dios a quien llama Padre.

En la contemplación de la Divinidad ha algo extraordinariamente beneficioso para la mente. Es un tema tan vasto que todos nuestros pensamientos se pierden en su inmensidad; tan profundo, que nuestro orgullo se hunde en su infinitud.

Cuando se trata de otros temas podemos abarcarlos y enfrentarlos; sentimos una especie de autosatisfacción al encararlos, y podemos seguir nuestro camino con el pensamiento de que ‘he aquí soy sabio’. Pero cuando nos damos con esta ciencia por excelencia y descubrimos que nuestra plomada no puede sondear su profundidad, que nuestro ojo de águila no puede percibir su altura, nos alejamos con el pensamiento de que el hombre vano quisiera ser sabio, pero que es como el pollino salvaje; y con la solemne exclamación de que ‘soy de ayer, y nada sé’. Ningún tema de contemplación tenderá a humillar a la mente en mayor medida que los pensamientos de Dios…
Mas, si el tema humilla la mente, al propio tiempo la expande. El que con frecuencia piensa en Dios, tendrá una mente más amplia que el hombre que se afana simplemente por lo que le ofrece este mundo estrecho… El estudio más excelente para ensanchar el alma es la ciencia de Cristo, y este crucificado, y el conocimiento de la deidad en la gloriosa Trinidad. Nada hay que desarrolle tanto el intelecto, que magnifique tanto el alma del hombre, como la investigación devota, sincera, y continua del gran tema de la Deidad.

Además, a la vez que humilla y ensancha, este tema tiene un efecto eminentemente consolador. La contemplación de Cristo proporciona un bálsamo para toda herida; la meditación sobre el Padre proporciona descanso de toda aflicción; y en la influencia del Espíritu Santo hay bálsamo para todo mal. ¿Quieres librarte de tu dolor? ¿quieres ahogar tus preocupaciones? Entonces ve y zambúllete en lo más profundo del mar de la Deidad; piérdete en su inmensidad; y saldrás de allí como al levantarte de un lecho de descanso, renovado y fortalecido. No conozco nada más consolador para el alma, que apacigüe las crecientes olas del dolor y la aflicción, que proporcione paz ante los vientos de las pruebas, como la ferviente reflexión sobre el tema de la Deidad.

Invito a los lectores a considerar dicho tema.

(recopilado)
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Nunca dudes en la oscuridad lo que Dios te dijo en plena luz

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« Respuesta #1 : Agosto 21, 2012, 06:42:01 »

Alguien ha dicho que el estudio apropiado de la humanidad es el hombre. No voy a negar este concepto, pero pienso que es igualmente cierto que el estudio apropiado para los elegidos de Dios es Dios mismo; el estudio apropiado para el cristiano es la Deidad. La ciencia más elevada, la especulación más encumbrada, la filosofía más vigorosa, que puedan jamás ocupar la atención de un hijo de Dios, es el nombre, la naturaleza, la persona, la obra, los hechos y la existencia de ese gran Dios a quien llama Padre.

Nadie llega al Padre sino por Cristo;

Filipenses:

3:8 Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo,

3:9 y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;

3:10 a fin de conocerle,
y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte,

3:11 si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.


-ConocerLO e imitarLO.
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Los babiecos no heredarán el Reino de los Cielos. Ni los famas, ni las macondistas.
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