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EN BUSCA DE UN AVIVAMIENTO

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EN BUSCA DE UN AVIVAMIENTO
« en: Marzo 12, 2017, 06:20:38 am »
       

En busca
de un
Avivamiento













Danny Totocayo
 
FUNDAMENTACION BIBLICA

“Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer; en la ira acuérdate de la misericordia”  (Habacuc 3:2).

“No volverás a darnos vida, para que tu pueblo se regocije en ti” (Salmo 85:6).

El avivamiento vendrá cuando los creyentes tengan sed de Dios y solo de Dios. “Como el ciervo anhela (brama) las corrientes de agua,  así suspira por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dio viviente; ¿cuándo vendré y me presentaré delante de Dios?” (Salmo 42:1-2).

Si los cristianos pudiéramos unirnos todos e hiciéramos esta sedienta oración: “Oh, si rompieses los cielos y descendieras” (Isaías 64:1), sería maravilloso.
   
Jeremías exclamo: “Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer; en la ira acuérdate de la misericordia”  (Habacuc 3:2).

Así como Habacuc oraba por un avivamiento, nosotros los cristianos debemos orar para que Dios avive su obra en nuestros días y podamos ver un gran despertar espiritual en nuestra nación.

¿QUE ES UN AVIVAMIENTO?

El Diccionario Webster define la palabra avivamiento: “regresar, volver a, o recobrar la vida alguien que murió o pareció haber muerto. El avivamiento vuelve a la vida algo que está, al presente, muerto o pareciera estar muerto. Renovación de la mente o memoria, recobrarse de un estado de abandono o depresión, despertar”.

Charles Finney, conocido como el padre de los avivamientos, define de la siguiente manera el avivamiento: “El avivamiento es la renovación del primer amor entre los cristianos, que luego resulta en un despertar y convertir de los pecadores” (Conferencias sobre los avivamientos). Estoy de acuerdo con esta definición.

Jonathan Edwards describe un avivamiento de la siguiente manera: “esto es seguro, es un evento grande y maravilloso, una revolución extraña, un inesperado sorpresivo cambio de las cosas” (Revista digital Revista Avivamiento, http://www.revistaavivamiento.org/).

James I. Packer dice que “el avivamiento es cuando la pureza de Dios se manifiesta, el pueblo de Dios se vivifica (en una manifestación de gozo y vitalidad) y los de afuera entran diciendo verdaderamente Dios está entre ustedes” (E. Klassen, Las características de un Auténtico Avivamiento, p. 41).

Dorothy de Bullón dice: “¿Qué es un avivamiento? Fuego devastador; huracán; viento recio; aluvión; lluvias torrenciales; éstas son metáforas de la naturaleza empleadas para describir el fenómeno llamado avivamiento. Las palabras avivamiento, reformación, renovación y despertamiento implican nueva vitalidad después de momentos de letargo o sueño… Son como irrupciones de Dios en la escena para santificar y extender la iglesia. Dios conmueve a su pueblo a orar y luego les visita. Los avivamientos vienen de actos soberanos de Dios en un momento dado, es la estrategia más grande empleada por Dios para extender su Reino” (Dorothy de Bullón, Hacia una Teología de Avivamiento, p.11).

Duncan Campbell define el avivamiento así: “Gente saturada de Dios, en la iglesia y en la comunidad”.

Brian H. Edwards en su libro Avivamiento define lo que es un verdadero Avivamiento de la siguiente manera: “Un verdadero avivamiento del Espíritu Santo es un aumento notable en la vida espiritual de un gran número del pueblo de Dios, acompañado por una conciencia asombrosa de la presencia de Dios, oraciones intensas y adoración, una convicción profunda de pecado, con una pasión y un deseo de santidad y un evangelismo efectivo pero poco usual, llevando a la salvación a muchas personas no creyentes”.

En un avivamiento, Dios  desciende con toda su santidad, majestad y poder, limpiando y llenándolo todo.

Si la iglesia anhela un avivamiento debe reconocer con humildad que está muerta espiritualmente. Dios exhortó a la iglesia de Sardis con estas palabras: “Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto. Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete” (Apocalipsis 3:1-3).

PIDA CIUDADES Y NACIONES

1. Dios desea la salvación de los pecadores. Y desea encender en su corazón el deseo por la salvación de las almas. Jesús nuestro Señor dijo que: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” (Juan 15:7-8). Así que podemos pedir todo aquello que este en el centro de la voluntad de Dios. Un avivamiento es la voluntad de Dios ya que Él no quiere que nadie se pierda.

Dios el Padre dijo a Jesús: “Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra” (Salmos 2:8).

Si el deseo de Dios por la salvación de las almas no ha cambiado, y ¿porque habría de hacerlo?, entonces Dios nos dice lo mismo también a nosotros. “Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra”.

2. Sea más atrevido en sus oraciones. Dios lo quiere más atrevido a usted cuando hace peticiones. “Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra” (Salmos 2:8).

John Knox exclamo: “Señor dame Escocia o sino me muero” y Dios le dio Escocia.

3. Necesitamos humillarnos y volvernos a Dios primeramente, si queremos ver un avivamiento. El Señor dice: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14).

Si hay algo que debes anhelar con toda tu alma es el avivamiento. Como dijera el Ps. Sergio Scataglini: “Debemos anhelar el avivamiento, mucho mas que estar vivo. Debes anhelar ver a tu nación entera sacudida por el poder de Dios”.

El avivamiento no es una enseñanza nueva. Miles de años atrás Israel experimento avivamientos gloriosos en tiempos del Rey Asa, en tiempos de Elías, del Rey Josías, etc. cuando esta nación se volvió a Dios.

Si queremos un avivamiento hoy, debemos volvernos igualmente a Dios.

¿PODEMOS VER UN AVIVAMIENTO EN ESTOS ULTIMOS DIAS?

Algunos dicen que no habrá ningún avivamiento. Pero es una afirmación simplista. Que haya “falsos cristos, y falsos profetas” (Mateo 24:24) en días finales, no significa que no puede haber un gran avivamiento a la misma vez. Los avivamientos genuinos han ocurrido justamente cuando ha habido mucha maldad y aun cuando muchos falsos profetas se han levantado.

En los últimos días habrá apostasía (1 Timoteo 4:1), habrán burladores (2 Pedro 3:3); pero nada de eso significa que no pueda haber un gran avivamiento. El hecho de que haya apostasía y aumente el pecado en nuestros días, no significa que no habrán muchísimas almas que vendrán a Cristo.

Jesús nuestro Señor dijo: “será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14). En el libro de Daniel leemos que “Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán” (Daniel 12:10).

Note que en Daniel se dice que son “muchos” los que serán “limpios, y emblanquecidos y purificados”. ¡Eso es avivamiento!

Una profecía dice sobre el Israel espiritual: “Porque te extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda; y tu descendencia heredará naciones, y habitará las ciudades asoladas” (Isaías 54:3).

David Wilkerson dijo acertadamente: “Algunos pueden aun decir, “Isaías 54 se aplica solamente al Israel natural. Yo ofrezco prueba indisputable que la promesa de Isaías 54 es para la iglesia de Dios de hoy. Isaías claramente habla de Cristo en 53:10: “…verá descendencia…”. El vera su simiente. Sencillamente, el esfuerzo y sacrificio de Cristo dará a luz muchos hijos: “Verá el fruto de la aflicción de su alma y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará sobre sí las iniquidades de ellos.” (53:11). Esto también se cumplirá después de la cruz. Los clavos que perforaron las manos y pies de Jesús fueron moldeados en el yunque del diablo. La espada que perforo su lado fue forjada en la tienda del herrero infernal. Pero la sangre que salió de su cuerpo nunca perdió su poder. Isaías nos está diciendo: “Dios ha jurado que la sangre de su Hijo será rociada sobre los transgresores en cada nación en la tierra. Tiene poder en cada nación árabe, en Israel, en África, en Europa. El vera su simiente esparcida a muchas multitudes, de todas las tribus y lenguas.” Un gran despertar continuara en los últimos tiempos” (El Último Avivamiento. The Last Revival. 28 de enero de 2008).

En los días de la gran tribulación también habrán muchas almas convertidas, no solo se convertirán 144 mil israelitas (Apocalipsis 7:1-8), sino que Israel experimentara un gran avivamiento (Romanos 11:25-27). “Y luego todo Israel será salvo…” (Romanos 11:26). “Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.  En aquel día habrá gran llanto en Jerusalén, como el llanto de Adadrimón en el valle de Meguido” (Zacarías 12:10-11).

Muchos pueblos gentiles también experimentaran un gran avivamiento, porque una gran multitud conocerá a Cristo. “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos...son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero” (Apocalipsis 7:9,14).

Andrew Strom escribió: “Yo creo que Dios se deleitará en usar a “los necios de este mundo, para avergonzar a los sabios” (1 Cor.1:27) en el avivamiento venidero. Como siempre, El usará a los “pequeños”, para humillar a los poderosos y a los exitosos. El usará a los desconocidos y desechados, a las madres solteras que están orando, y a los ex-pandilleros, a los “pescadores y cobradores de impuestos”, y los ungirá para levantar el ejército más grande de apóstoles, profetas y evangelistas que el mundo jamás ha visto. Y ellos no se interesarán en nada más que glorificarle a Él.

Cuando esto suceda, muchos de los líderes cristianos actuales se maravillarán, exactamente como los escribas y sumos sacerdotes se maravillaron por la audacia de Pedro y Juan que eran “hombres sin letras y del vulgo... y les reconocían que HABÍAN ESTADO CON JESÚS” (Hechos 4:13). Este es el secreto: ellos HABÍAN ESTADO CON JESÚS. Y así será con cada uno que será usado por Dios en este avivamiento. “Te doy gracias, o Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y prudentes, y las revelaste a los niños” (Mat.11:25).

Yo creo que muchos cristianos olvidados y escondidos, preparados silenciosamente por Dios mismo durante muchos años, serán parte de esta Novia hermosa de Cristo en los últimos días. Como un ejército escondido, de repente aparecerán como de la nada, para tomar el campo en el nombre del Señor y de Su justicia. Así fueron siempre los grandes movimientos de Dios.

Algo que Dios nos hizo ver en Nueva Zelandia, es que el avivamiento venidero será “basado en las calles” (o al aire libre). Hoy tenemos una iglesia orientada a “reuniones y locales”, una iglesia que se esconde en “cajas” ante los ojos del mundo. Pero la primera iglesia se reunía diariamente en la amplia plaza delante del templo (probablemente el lugar más público en toda Jerusalén), y también los grandes avivamientos con Wesley y el Ejército de Salvación sucedieron al aire libre. (También habrá reuniones de los santos “de casa en casa”, Hechos 2:41-47).

En una visión significante hace varios años, un hermano de Nueva Zelandia vio como Dios disparó “saetas de fuego” en las iglesias. Estas representaron ministerios “llenos de fuego” que hablaban la Palabra de Dios. Pero los pastores estaban corriendo por todas partes, ¡intentando apagar el fuego! Entonces Dios envió un viento recio para avivar las llamas, y de repente las puertas de todas estas iglesias se abrieron, y toda la gente salió afuera para reunirse todos en las calles. Creo que este es un cuadro exacto de lo que sucederá” (La gran Reforma que viene).

Creo que podemos concluir que en los días finales habrá tanto apostasía como un despertar espiritual. Espero no estar equivocado.

John Wesley dijo algo difícil de creer: “Podemos razonablemente creer que en toda nación bajo el cielo Dios seguirá el mismo orden que ha utilizado desde los comienzos del cristianismo. «Todos me conocerán», dijo el Señor, «desde el menor hasta el mayor de ellos», y no «desde el mayor hasta el menor» (este orden correspondería a la sabiduría del mundo que es necedad para Dios), porque la alabanza no viene de los hombres, sino de Dios. Antes del fin aun los ricos entrarán en el reino de Dios. Junto con ellos entrarán los nobles, los honorables, y también los mandatarios, príncipes y reyes de la tierra. Por último, los sabios y estudiosos, los hombres de ciencia y los filósofos se convencerán de su estupidez; cambiarán y se harán como niños, y entrarán en el reino de los cielos.

Entonces se cumplirá cabalmente la promesa de la gracia de Dios a la casa de Israel, al Israel espiritual, que puede encontrarse en cualquier pueblo o nación: «Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo. Y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor, porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos. Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades». Y vendrán entonces de la presencia del Señor, tiempos de refrigerio universal. Se cumplirá el gran Pentecostés, y varones piadosos de todas las naciones bajo el cielo, no importa cuán distantes unas de otras, serán todos llenos del Espíritu Santo. Y perseverarán en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Compartirán su comida; y todo lo que hagan, lo harán con alegría y sencillez de corazón. La gracia abundará sobre todos ellos, y todos serán de un corazón y un alma. La consecuencia lógica e inevitable de todo esto será la misma que vivió la iglesia cristiana primitiva: Ninguno dirá ser suyo propio nada de lo que posea, sino que tendrán todas las cosas en común. Tampoco habrá entre ellos ningún necesitado, porque todos los que posean heredades o casas, las venderán; y se repartirá a cada uno según su necesidad. Todos sus deseos, pasatiempos, pasiones y enojos estarán moldeados en una misma matriz, porque todos estarán cumpliendo la voluntad de Dios en la tierra así como se cumple en el cielo. Todas sus conversaciones serán siempre sazonadas con sal, y darán gracia a los oyentes, preocupándose por no ser tanto ellos los que hablen sino el Espíritu del Padre hablando en ellos. No brotará ninguna raíz de amargura que los estorbe o contamine. No habrá Ananías o Safira que traigan nuevamente al grupo la maldición del amor al dinero. No existirá la discriminación, ninguna viuda será desatendida en la distribución diaria. No existirá, pues, la tentación de murmurar o hablar mal unos de otros, porque Comparten una misma alma y un mismo corazón, Sólo una fuerza los inspira: el amor.

De este modo, una vez quitada de en medio la gran piedra de tropiezo, a saber, la manera de vivir de los cristianos, los mahometanos los mirarán con nuevos ojos, y comenzarán a prestar atención a sus palabras. Y como sus palabras estarán revestidas de poder divino, asistidas por la manifestación y el poder del Espíritu, quienes temen a Dios pronto tomarán conocimiento del Espíritu mediante el cual hablan los cristianos. Recibirán con mansedumbre la palabra implantada, y producirán fruto con perseverancia. Partiendo de ellos la levadura pronto alcanzará a quienes hasta ese momento nunca habían tenido temor de Dios delante de sus ojos. Cuando comprueben que «los perros cristianos», como acostumbraban llamarlos, han cambiado su manera de ser, que ahora son sobrios, moderados, justos y compasivos, aun sufriendo todo tipo de provocaciones, seguramente comenzarán por admirar sus vidas y acabarán por tomar en cuenta y abrazar su causa. Entonces el Salvador de pecadores dirá: «La hora ha llegado. Glorificaré a mi Padre. Buscaré y salvaré las ovejas que andaban errantes en las oscuras montañas. Ahora me vengaré de mi enemigo, y arrebataré la presa de las garras del león. Reuniré a los míos que durante siglos han estado perdidos, reclamaré lo que he comprado con mi sangre.» Y marchará en la grandeza de su poder, y sus enemigos escaparán delante de él. Desaparecerán los profetas de la mentira, y todas las naciones que habían ido en pos de ellos reconocerán al gran Profeta del Señor, poderoso en obra y en palabra, y honrarán al Hijo como honran al Padre” (La expansión del mensaje del evangelio).

¿Está exagerando Wesley? ¿Acaso estaba profetizando?

¿QUÉ DEBE HACER LA IGLESIA PARA QUE HAYA UN AVIVAMIENTO?

1. Jesús nuestro Señor y Salvador dijo que debemos arrepentirnos. “Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto. Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete” (Apocalipsis 3:1-3).

Si nosotros nos arrepentimos Dios podrá darnos del espíritu de oración para orar por aquellos que no tienen a Cristo. Todo avivamiento comienza con el arrepentimiento de la iglesia. Una iglesia arrepentida está preparada para recibir el espíritu de oración. Cuando recibimos un espíritu de oración, nuestras oraciones son suplicantes, con gemidos indecibles y como si tuviéramos dolores de parto cuando rogamos la conversión de los incrédulos. Estas suplicas las hacemos a Dios en fe. Esta es una fe que prevalece hasta obtener de Dios la bendición para nuestra ciudad o nación.

2. La Iglesia debe ser enseñada en la Palabra de Dios. Antes del avivamiento de la Iglesia del primer siglo los apóstoles fueron enseñados por Cristo. Cuando la iglesia no es enseñada en la palabra de Dios es fanática, despreciable, fantasiosa, corrupta, desordenada e indecente. La iglesia necesita sana doctrina, es decir enseñanza pura para no caer en herejías. Los fundamentos de la doctrina cristiana deben ser bien enseñadas. Cuando uno es enseñado en la Palabra de Dios, no acepta, risas santas, hacer beber aceite a quien necesita liberación de demonios, golpear con la Biblia a las personas, vender agua bendita, enterrar Biblias, decretar, etc. Estas prácticas son peligrosas.

El apóstol Pablo había profetizado que vendría tiempo cuando muchos “no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos” (2 Timoteo 4:3), por lo que la iglesia deseosa de un avivamiento debe de cuidarse de las falsas enseñanzas que dan predicadores como Dante Gebel, David Diamond, Cash Luna, Ana Maldonado, Benny Hinn y otros.

3. Unidad. La iglesia necesita unirse en oración por un avivamiento. No debe decir que no es posible que Dios derrame un poderoso avivamiento en nuestros días. Todos deben trabajar por el avivamiento y tener el mismo sentir.

CARACTERÍSTICAS DE UN AVIVAMIENTO

Cuando la iglesia se ha vuelto a Dios en arrepentimiento y ha renovado su primer amor, Dios derrama en su corazón un espíritu de oración para clamar por las almas perdidas. Cuando Dios ve que su iglesia le clama de todo corazón por las almas, entonces Dios empieza a obrar en las personas por las cuales se ha orado y empiezan a suceder cambios grandes en las personas.

¿Qué cosas empiezan a suceder?

1. Hay un profundo temor de Dios por su presencia santa. A la presencia de Dios Jacob dijo: “Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. 17  Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo” (Génesis 28:16-17).

Cuando en un lugar Dios ha descendido, no puedes atreverte a pecar fácilmente. La presencia de Dios es fuerte y temible.

Rhys Bevan Jones describió un avivamiento en Gales de la siguiente manera: “Todo el lugar en ese momento era tan terrible con la gloria de Dios – uno utiliza la palabra “terrible” deliberadamente; la santa presencia de Dios era tan manifiesta que el propio orador estaba abrumado; ¡el púlpito donde él estaba parado estaba tan lleno de la luz de Dios que el orador tuvo que retirarse!” (Traducción de Brian H. Edwards, Revival! A People Saturated with God, Evangelical Press, 1991 edition, p. 134).

James Stewart dice: “¡Cuán vacíos y superficiales son nuestros servicios hoy en día para los avivamientos! Cuán poco sentido de la presencia y del poder de Dios se manifiesta en nuestro medio. El apóstol Juan, en la Isla de Patmos, tuvo una reunión de avivamiento para él solo. Tuvo una visión de la majestad de Cristo en toda Su belleza incomparable, de Su gloria y de Su poder. Estuvo conmovido y turbado.

“Y cuando lo vi, caí a sus pies como muerto” (Ap. 1:17).

El despertamiento de Northampton, bajo la predicación de Jonathan Edwards, revolucionó toda la región. Si acaso una persona habrá quedado sin ser tocada por las grandes cosas de lo eterno. En el año de 1735 parecía como si todo el pueblo estuviera lleno de la presencia de Dios.

...en repetidas ocasiones en Europa era tan grande la turbación de la presencia de Dios que nos era imposible tener fuerza para pararnos a predicar a la gente. Aún a los pecadores les entraba tanto temor que abandonaban el pueblo…” (Características sobresalientes de un avivamiento).

Un testigo del avivamiento de 1859 en Ulster, Irlanda del Norte, dijo: “Los hombres sintieron como si el Señor había soplado sobre ellos. Ellos primero fueron afectados con asombro y miedo – entonces se bañaron en lágrimas – luego llenos con un amor indecible” (Traducción de William Gibson, The Year of Grace, a History of the Ulster Revival of 1859, Elliott, 1860, p. 432).

2. Una convicción profunda de pecado que lleva al arrepentimiento. Cuando Isaías vio “al Señor sentado sobre un trono alto y sublime” en el templo, clamo: “¡Ay de mí! que soy muerto” (Isaías 6:5).

En un avivamiento genuino las personas despiertan con una conciencia de su condición miserable por la maldad de su corazón, y el peligro de perecer eternamente y la importancia de escapar prontamente.

Jonathan Edwards quien fuera usado por Dios en avivamientos, dijo: “Hay una gran variedad en cuanto al grado de temor y preocupación que la gente siente antes de alcanzar el perdón de Dios. Algunos son llevados con más ánimo y esperanza que otros. Algunos sintieron el desagrado de Dios tan fuertemente que no podían dormir de noche; la idea de dormir en una tal condición perdida les horrorizaba...La conciencia abominable de su miseria generalmente aumentaba, cuánto más una persona se acercaba a su liberación. ..Algunos están cerca de la desesperación y todo les parece tan oscuro como la medianoche, poco antes de que el día amanece en sus almas. Algunos clamaron bajo el terrible peso de su culpa, asombrados de que Dios todavía les permitía seguir viviendo en la tierra, en vez de mandarlos inmediatamente al infierno. Otros no sintieron tanta desesperación, pero tuvieron una consciencia muy profunda en sus corazones, acerca de su propia depravación y muerte en pecado” (Un relato fiel de la obra sorprendente de Dios).

La convicción de pecado es tal que los pecadores muchas veces no pueden comer ni dormir hasta llegar a estar en paz con Dios. Tan profundo es el arrepentimiento que hay en un avivamiento que el pecado es aborrecido de tal manera que no se desea pecar nunca más.

Sobre la convicción de pecado, Charles Finney dice: “A la mañana siguiente, después del desayuno, fui a la hilandería, para echarle una mirada. Mientras la recorría, observé que había mucha agitación entre los que estaban ocupados trabajando en los telares, las máquinas de hilar y otros instrumentos de trabajo. Al pasar por una de las secciones, donde había un gran número de chicas atendiendo sus tejidos, observé que un par de ellas me miraban y hablaban animadamente. Pude comprender que estaban muy agitadas, aunque las dos se rieron. Lentamente, me dirigí hacia ellas. Cuando vieron que yo me acercaba, se mostraron muy emocionadas. Una de ellas estaba tratando de atar una fibra qué se había roto, y observé que las manos le temblaban de tal modo que no podía arreglarla. Me acerqué lentamente mirando a cada lado de la maquinaria mientras iba pasando, pero observé que esta joven se sentía cada vez más agitada, y no podía proseguir con su trabajo. Cuando estuve más o menos a unos dos metros de ella, la miré solemnemente. Ella se dio cuenta, se sintió vencida y hundida, y rompió a llorar. La impresión se difundió casi como la pólvora y en un instante, casi todos los que se hallaban en aquel sitio estaban llorando. Este sentimiento se difundió por toda la fábrica. El señor W., propietario del establecimiento, que estaba presente, cuando vio el estado de cosas, le dijo al superintendente: 'Detenga el telar, y permita que la gente atienda la religión, porque es más importante la salvación de nuestras almas que el funcionamiento de la fábrica'. De inmediato se cerró la puerta y la fábrica se detuvo, pero... ¿dónde podríamos reunirnos? El superintendente sugirió que la sala de las máquinas de hilar era grande: y arrinconándolas, nos podíamos reunir allí. Así lo hicimos, y pocas veces he asistido a un culto más lleno de poder que aquél. Se desarrolló en forma poderosa. El edificio era grande, y había mucha gente, desde el desván hasta el depósito. El avivamiento pasó por el telar con un poder asombroso, y en el curso de pocos días, casi todos los que trabajaban allí se habían convertido esperanzadamente, con optimismo” (Sermón, “La fe que prevalece”).

A. Q. Osierberg, testigo ocular del avivamiento de la calle Azusa dijo: “El avivamiento de Azusa empezó en el punto donde todo, avivamiento debiera empezar... con lágrimas de arrepentimiento. Empezó en lágrimas, vivió en lágrimas, y cuando acabaron las lágrimas, acabó el avivamiento de Azusa”.

El Rev. Brian H. Edwards dijo que un avivamiento: “Comienza con una terrible convicción de pecado...la gente llora incontrolablemente…Pero no hay tal cosa como avivamiento sin lágrimas de convicción y tristeza...No hay avivamiento sin profunda, incómoda y humillante convicción de pecado...Un testigo [del avivamiento de 1906 en China] dijo: “Mi alrededor era como un campo de batalla con almas que clamaban por misericordia””(Traducción de Brian H. Edwards, Revival: A People Saturated With God, Evangelical Press, 1991 edition, pp. 115, 116).

Charles Finney del Avivamiento de Roma, EE.UU., relata: “No se hizo o dijo nada como para crear tal agitación en la reunión. El sentir fue espontáneo. La obra era tan poderosa que tan solo unas pocas palabras podían hacer que los más fornidos de los hombres se retorcieran en sus asientos como si una espada les hubiera traspasado el corazón. Para alguien que jamás ha visto una escena semejante quizás resulte imposible entender el tremendo poder que tiene a veces la verdad en manos del Espíritu Santo. La verdad se había constituido, de hecho, en una espada de dos filos. El poder que ésta produce cuando es presentada como escrutadora en unas pocas palabras, puede crear una angustia tal que resulta insoportable. El señor Gillett se agitó sobremanera. Se puso pálido y dijo, con mucha agitación: "¿Qué haremos? ¿Qué haremos?" Puse mi mano sobre su hombro y le dije susurrando: "Quédese en silencio. Quédese en silencio, señor Gillett". Luego me dirigí a los presentes en la forma más gentil y clara que pude; pidiéndoles poner su atención de manera inmediata en el único remedio disponible, asegurándoles que tal remedio era uno presente y totalmente suficiente. Les señalé a Cristo como salvador del mundo, y me mantuve en esa línea tanto como pudieron soportarlo, que de hecho fue unos pocos instantes. El hermano Gillett se agitó a tal extremo que me acerqué a él y tomándole del brazo, le dije: "Oremos". Nos arrodillamos en medio del salón en el que nos encontrábamos y conduje la oración en una voz baja y desapasionada, mas intercediendo ante el Salvador para que interpusiera su sangre en uno y otro lugar, para que guiara a los pecadores presentes a aceptar la salvación que Él ofrece y para que creyeran, para que así fueran salvas sus almas. La agitación se profundizaba a cada instante, y mientras escuchaba sus sollozos, suspiros y su respirar, cerré la oración y me puse de pie súbitamente. Todos se pusieron de pie y les dije: "Ahora, por favor, vayan a casa sin hablar ni una palabra entre ustedes. No digan nada, traten de mantenerse en silencio, y no rompan en manifestaciones de sentimientos; y así, sin hablarse entre ustedes y teniendo sus sentimientos bajo control, por favor, vayan a sus habitaciones sin decir palabra".

En ese momento, un joven de apellido Wright, que era empleado en la tienda del señor Huntington y quien era uno de los principales jóvenes del lugar, apunto del desmayo cayó a los pies de otros jóvenes que estaban de pie cerca de él. En ese momento los demás jóvenes como que se desvanecieron y cayeron todos juntos. Esto bien pudo haber producido estrepitosos alaridos, pero les calmé y le dije a los jóvenes: "por favor, dejen la puerta bien abierta, salgan y dejen que todos se marchen en silencio". Hicieron lo que les pedí y salieron sin gritar, sollozando y suspirando. Pero esos sollozos y suspiros podían escucharse a medida que iban por las calles. El señor Wright, de quien me he referido, me dijo más tarde que su angustia era tan grande que tuvo que taparse la boca haciendo uso de toda la fuerza de sus brazos hasta que llegó a casa. Permaneció en silencio hasta que cruzó la puerta del lugar donde vivía, y no pudo contenerse más. Cerró la puerta, cayó al piso y estalló en altos lamentos ante la terrible condición en la que se encontró. Esto hizo que su familia le rodeara enseguida, y la convicción se esparciera sobre ellos” (Las memorias de Charles G. Finney. 1868. Capítulo 13. Avivamiento en Roma).

Oswald Smith describe la obra poderosa de Dios en los corazones de otro avivamiento en las costas de Hawái: “En el año 1835 Titus Coan arribó a las costas de Hawái. En su primer viaje multitudes se reunieron para escucharle. Se amontonaban de tal manera a su alrededor que apenas tenía tiempo para comer. En una ocasión predicó tres veces antes de poder tener oportunidad de desayunar. Sentía que Dios estaba obrando de una manera muy  desacostumbrada. En 1837 fuegos mortecinos se avivaron. Casi toda la población fue su audiencia. Estaba ministrando a 15.000 personas. Incapaz de llegar a todos ellos, ellos fueron a él y se asentaron en una reunión que duró dos años. No había una sola hora del día ni de la noche en que no se reuniera una audiencia entre 2.000 y 6.000 a la señal de la campana. Había el clamor tembloroso, sollozante, en llanto, por misericordia, en algunas ocasiones demasiado fuerte para que el predicador pudiera ser oído; y en cientos de casos sus oyentes se desvanecían. Algunos llegaban a gritar: “La espada de dos filos me está despedazando”. El perverso burlador que llegó a chancearse cayó como un perro, y gritó: “¡Dios me ha fulminado!” En una ocasión, mientras que estaba predicando en un campo abierto a 2.000 personas, un hombre gritó: “¿Qué tengo que hacer para ser salvo?”, y oró la oración del publicano, y toda la congregación asumió el clamor por misericordia. Durante media hora, el señor Coan no pudo hallar ocasión de hablar, sino que se tuvo que quedar quieto y contemplar cómo Dios obraba” (Pasión por las almas. Oswald Smith).

3. Hay un anhelo intenso de interceder y evangelizar. Los discípulos oraban (Hechos 3:1). Los creyentes del primer siglo eran hombres que sabían que debían predicar, que debían ganar almas y que debían orar para ello primeramente. El apóstol Pablo escribió: “Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; 2 por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. 3 Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, 4 el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2: 1-4).

No solo oraban sino que lo hacían con suplicas. “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu…” (Efesios 6:18).

A los Gálatas el apóstol Pablo les escribe: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gálatas 4:19). Pablo oraba y sus oraciones eran como dolores de parto.

Dios espera que sus siervos intercedan por las almas. En el Antiguo Testamento Dios decía a los sacerdotes: “Entre la entrada y el altar lloren los sacerdotes ministros de Jehová, y digan: Perdona, oh Jehová, a tu pueblo, y no entregues al oprobio tu heredad, para que las naciones se enseñoreen de ella. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?” (Joel 2:17).

En el avivamiento que Dios derramo bajo el ministerio de Jonathan Edwards una niña de nombre Febe tenía un deseo ferviente de ver la salvación de sus hermanas.

Edwards relata: “Mientras Abigail, su hermana mayor, estaba allí, su madre aprovechó de la oportunidad para aconsejarla de prepararse ahora para el otro mundo. Con esto, Febe rompió a llorar: “¡Pobre Abi!” Su madre dijo que no llore, que ella esperaba que Dios fuera a dar salvación a Abi; pero ella seguía llorando por bastante tiempo. Poco después, su hermana Eunice llegó, y otra vez Febe comenzó a llorar: “¡Pobre Eunice!”, y lloró mucho. Después se fue a otro cuarto y encontró allí a su hermana Naomi, y rompió en llanto otra vez: “¡Pobre Amy!” Su madre se sintió muy afectada por este comportamiento en su hija y no sabía qué decir” (Un relato fiel de la obra sorprendente de Dios. Jonathan Edwards).

Debemos sentir la carga que Cristo tiene por la humanidad, ya que su destino es la desgracia sin fin, a menos que se vuelven a Él en fe y arrepentimiento.

“Entre la entrada y el altar lloren los sacerdotes ministros de Jehová, y digan: Perdona, oh Jehová, a tu pueblo” (Joel 2:17).

“Lejos sea de mí que peque yo contra Jehová cesando de rogar por vosotros” (1 Samuel 12:23).

Wesley Duewel dijo: “Deberíamos llorar porque la humanidad ha dejado a Dios. Las naciones se han olvidado de El (Salmo 9:17); no quieren retener el conocimiento del Señor (Romanos 1:28); muestran desprecio por la constante benignidad, tolerancia y paciencia de Dios (Romanos 2:4); a menudo se endurecen a causa de los juicios divinos y por el hecho de segar lo que han sembrado (Romanos 2:5; Apocalipsis 16:21). Por estas razones deberíamos llorar por nuestro mundo, clamando: ¡Señor, perdona a nuestra raza desobediente!

Deberíamos llorar porque el pecado se multiplica. Los malos hombres están yendo de mal en peor, engañando y siendo engañados (2 Timoteo 3:13). Los pecados enumerados en 2 Timoteo 3:1-5 resultan demasiado evidentes: el amor al yo antes que a Dios, la vanagloria, la soberbia, la blasfemia, la desobediencia a los padres, la ingratitud, la impiedad, la falta de afecto natural, la implacabilidad, la calumnia, la intemperancia, la crueldad, el aborrecimiento de lo bueno, la traición, la impetuosidad, la infatuación y el amor a los deleites más que a Dios. Todas estas cosas, combinadas con los pecados groseros de la perversión sexual, las violaciones y la pornografía han endurecido nuestra conciencia nacional. El crimen se ha extendido; y el terrorismo, el sadismo y la crueldad calculada han alcanzado proporciones inimaginables. La guerra es todavía más terrible, y la paz parece siempre precaria. El hombre da la impresión de estar al borde de destruirse a sí mismo... ¿Qué podemos hacer sino clamar con lágrimas en los ojos: Señor, ten misericordia de nuestra raza pecadora?” (Ardiendo para Dios).

Los discípulos anuncian el evangelio. En los avivamientos genuinos los creyentes salen a anunciar el evangelio en todo lugar como la mujer samaritana anuncio a toda su ciudad sobre el Salvador (Juan 4:28-30,39-42). Cuando hay un avivamiento genuino muchos empiezan a hablar de Cristo, aun si ellos no fueron llamados al ministerio.

En los avivamientos poderosos, los creyentes anuncian el evangelio en todo lugar (Hechos 8:4) como el gadareno, que después de ser liberado de muchos demonios, anuncio a toda Decápolis (Marcos 5:20).

La carga por las almas es grande en los corazones de los creyentes en un avivamiento.

John Hyde, el gran misionero enviado a la India, en 1908 oró a Dios para que le diera un alma cada día. En ese año ganó alrededor de 400 almas para Cristo. El año siguiente, pidió dos almas por día, y como resultado gano alrededor de 800 almas para Dios. Luego, en 1910, rogó que se le concediesen cuatro almas por día, y Dios le contestó su petición.

Sobre el avivamiento de Korea, Jonathan Goforth escribió: “Un estudiante tuvo un mes vacacional y las pasó en un cierto distrito para evangelizar. Él consiguió 100 almas para el Señor. Otro estudiante resolvió en su corazón hablar por lo menos con seis personas por día sobre sus almas. Al final de nueve meses, él había hablado a 3.000 personas. Un cierto año, los Metodistas del sur tenían tal escasez de fondos que ni las escuelas podían ser construidas en Songdo, donde había cerca de 150 estudiantes listos para comenzar a estudiar. Yun Chi Ho, un ex-ministro de educación, se ofreció para dar clases a esos estudiantes. Los chicos, bajo su liderazgo, levantaron un edificio de madera y cubrieron el techo con paja y comenzaron sus clases…Una carta dirigida por el pastor, por esa ocasión, afirmaba que niños de 8 y 9 años de edad, después de las clases, salían hacia las calles y, con lágrimas en los ojos, tomaban a las personas en las calles implorando que entregaran sus vidas al Salvador. Él dijo: “Durante los últimos 3 días, cerca de 400 personas vinieron a entregarse a Cristo”. Eso fue conseguido a través de la obra de los niños después de que salían de las clases. Las personas que los oían se sentían desgarradas en sus corazones a causa de sus pecados” (Avivamiento en Korea. Jonathan Goforth).

El apóstol Pablo después de su conversión, “en seguida predicaba a Cristo” (Hechos 9:20).

4. Grandes multitudes son salvadas con rapidez. “…El Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:47; Hechos 2:41; 4:4; 5:14; 11:21,24; 13:44; 16:5).

“Y se alegró Ezequías con todo el pueblo, de que Dios hubiese preparado el pueblo; porque la cosa fue hecha RÁPIDAMENTE” (2 Crónicas 29:36).

James Stewart dice: “Los movimientos poderosos del Espíritu Santo comienzan en el lugar secreto del Altísimo. Las manifestaciones externas vienen repentinamente para asombro de todos; santos y pecadores claman igualmente asombrados: “Es el Señor el que lo está haciendo y es maravilloso lo que vemos”. La gente de Dios se llena de alegría y cantan con gran gozo: “Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; estaremos alegres” (Salmo 123:6).

El historiador Kirkton escribió acerca de la reforma en Escocia: “En Escocia toda la nación se convirtió como en un estallido,...He aquí una nación que nació en un día”.

Otra vez Jonathan Edwards escribe acerca del gran avivamiento en 1740, dice: “Esto es seguro, es un evento grande y maravilloso, una revolución extraña, un inesperado sorpresivo cambio de las cosas, sucedió de pronto… ¿Quién que hubiera visto el estado de las cosas en Nueva Inglaterra hace algunos unos años, creyera que habría un cambio?” (Características sobresalientes de un avivamiento).

En el avivamiento Gales, 100 mil almas vinieron a Cristo en un año. Eso es avivamiento.

En el Gran Avivamiento de 1857-1858: “En solamente dos años, se añadieron más de dos millones de convertidos a las iglesias de todas las denominaciones. Se añadieron un millón de convertidos en las iglesias en Gran Bretaña” (Winkey Pratney, Revival, Springdale, Pa.: Whitaker, 1984, p. 158). A este avivamiento se le llamo: “El Segundo Gran Despertar Evangélico” (Dr. Edwin Orr).

Oswald Smith dice: “¿Sabes cuántos miembros de iglesias habían en Estados Unidos de América cuando Charles G. Finney empezó su gran obra de avivamiento? Habían entonces doscientos mil. ¡Piensa en esto! En toda América solamente doscientos mil miembros. Pero ¿sabes cuántos miembros habían cuando terminó su ministerio unos pocos años después? Más de tres millones. Sí, dentro del ministerio de un solo hombre, ¡tres millones! ¡Qué milagro! ¿Me puedes decir en dónde se podrían repetir estos resultados? ¿No es verdad que Dios hace más en unas pocas semanas durante días de avivamiento que en años a través de los canales normales de la obra de la iglesia? Cuando Finney celebró una campaña en la ciudad de Rochester, Nueva York, se estima que alrededor de cien mil personas se unieron a las iglesias. ¿Cómo podéis repetir tales resultados, excepto por un avivamiento?” (Pasión por las almas. CLIE, 2003. Pág. 153-154).

En el avivamiento en Hartford, Connecticut, bajo el ministerio de Charles Finney, los nuevos convertidos eran los que invitaban para la conversión de las almas.

Charles Finney dice: “Durante este avivamiento mucha oración tuvo lugar. En especial los nuevos convertidos se entregaron en gran medida a la oración. Supe que una noche, después del servicio, uno de los nuevos convertidos invitó a otro a ir con él a casa para tener un tiempo de oración juntos. El Seños estuvo con ellos, y el día siguiente invitaron a más personas, al otro día a aún más gente, y así hasta que la reunión se hizo tan grande que fue necesario dividirla. Estas reuniones se daban después de la prédica. A la segunda reunión, este nuevo grupo que había resultado de la división ya era tan grande que fue necesario dividirlo también. Supe en aquel entonces que tanto se multiplicaron estas reuniones en medio de los nuevos convertidos que se convirtió en una costumbre casi universal el reunirse a orar en diferentes lugares después de los servicios. Finalmente empezaron a invitar a las reuniones a gente que se encontraba en angustia por su alma y a todo el que deseaba que se orara por él. Esto condujo a un esfuerzo bastante organizado por parte de los nuevos convertidos en pro de la salvación de las almas.

Una situación muy interesando surgió en las escuelas públicas para esta época. Me dijeron que los ministros habían quedado de acuerdo en no visitar escuelas públicas ni hacer en ellas esfuerzos religiosos, para no excitar celos en las diferentes denominaciones. Sucedió una mañana que al reunirse un gran número de muchachos se encontraron tan profundamente afectados que no les era posible estudiar, y le pidieron al maestro que orara por ellos. El hombre no era profesor de religión, por lo que mandó a decirle a uno de los pastores el estado de las cosas, y le pidió que fuera y que sostuviera servicios religiosos con ellos. Este pastor se excusó diciendo que había un acuerdo entre los ministros en el cual se había dicho que no realizarían ningún tipo de servicio religioso ni visitarían las escuelas públicas para prevenir la animosidad entre las denominaciones. El maestro envió por otro ministro y luego por otro, según me dijeron, mas la respuesta fue que él mismo debería orar por los estudiantes. Con esto quedó en una situación apretada. Si no me equivoco la cosa desembocó en que este mismo maestro terminó dándole su corazón a Dios. Tengo entendido que un buen número de estudiantes de varias escuelas comunes se convirtieron para aquel tiempo” (Las memorias de Charles Finney. 1868).

5. El carácter de los cristianos es moldeado a la imagen de Cristo. El amor entre hermanos, la sencillez, la santidad, la ternura, la paciencia y toda virtud están grabados tan profundamente  en el corazón que se cumple la palabra de Dios cuando dice: “Porque este es el pacto que yo hare con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: pondré mis leyes en la mente de ellos, y las escribiré sobre sus corazones y yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” (Hebreos 8:10).

Los incrédulos verán tu rostro como si fuera la de un ángel, por tu ternura, amor, paciencia y toda virtud celestial (Hechos 6:15).

Tú mismo puedes notar que el obedecer a Dios no te resulta gravoso (1 Juan 5:3).

En un avivamiento el arrepentimiento es tan profundo que el deseo de obedecer a Dios no te cuesta.

No discutes con Dios, estas rendido totalmente a Él, eres su esclavo voluntario y estas feliz de serlo.

6. Confesión pública de pecado. Confesar los pecados en arrepentimiento. En los avivamientos esto es común.

“Y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos” (Hechos 19:18).

Cuando hay arrepentimiento profundo la confesión de pecados es espontanea.

Glenn Conjurske escribió: “Una de las características más marcadas del gran avivamiento en Manchuria bajo la predicación de Jonathan Goforth, fue la misma confesión de pecado espontánea, pública, humillante y dolorosa.  Goforth no pidió estas confesiones, tan solo predicó la Palabra de Dios hasta que la gente estaba tan convencida de pecado que no podían guardar silencio. O hablaban o explotaban” (Buena predicación: Lo que es y lo que no es).

7. Amor profundo. Algunos lo llaman emocionalismo excesivo; pero es amor celestial. El apóstol Pablo lo llama “ardiente afecto” (2 Corintios 7:11).

Este amor profundo te lleva a obedecer a Dios en todo y esperas su cercanía como la novia quiere estar cerca de su novio. El deseo der ver y oír a Cristo y tener comunión con Él es grande. Tu pensamiento está en Dios en todo momento. Tu desesperación por conocerle es ardiente.

Tu amor por las almas perdidas es grande. No es compasión ordinaria. Es amor desbordante. Es ternura. Es afecto. Es misericordia. Es amor dulce. Es pasión por ver salvos a quienes no conocen del amor y perdón de Cristo.

8. Un cántico desbordante. Cuando un alma agonizante se ha convertido a Cristo halla bendita paz y un gozo desbordante por las misericordias de Dios. “Entonces nuestra boca se llenará de risa, nuestra lengua de alabanza…” (Salmo 126:2).

El deseo por adorar a Dios es enorme. Los músicos cristianos de hoy se avergonzarían si estuvieran en un avivamiento. Hoy vemos artistas cristianos y sus canciones son hermosas, pero no hay adoración genuina, desbordante y quebranto real. Lo que hay es una imitación de la adoración.

9. Milagros. La Biblia nos dice: “12 Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón. 13 De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente. 14 Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres; 15 tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos. 16 Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados” (Hechos 5:12-16).

Necesitamos experimentar un avivamiento con poder y milagros. En algunos avivamientos no hubieron milagros, sanidades, pero creo que El Señor Jesús nos dio autoridad para echar fuera demonios, sanar enfermos, limpiar leprosos y resucitar muertos.

Se dice que Smith Wigglesworth fue usado por Dios para que muchos fueran sanados. Aun se dice que Dios lo uso en la resurrección de 17 muertos bajo su ministerio. ¡Gloria a Dios!

Wigglesworth siempre se mantuvo humilde pese a que Dios lo uso tanto.

De John G. Lake se dice que en cinco años en Healing Rooms en Spokane, Washington se registraron cien mil sanidades. El Dr. Ruthledge de Washington, D.C., denomino Spokane “la ciudad más sana del mundo”.

10. Gran gozo. Lucas dice que en el avivamiento de Samaria, había “gran gozo en aquella ciudad” (Hechos 8:8; 13:52). El gozo de haber sido perdonado, de haber dejado el pecado es enorme. El gozo de disfrutar de la presencia de Dios.

¡Como necesitamos un avivamiento!

PRÉDICA DE AVIVAMIENTO

1. Los predicadores de avivamiento predicaban muy fuerte acerca del “pecado, justicia y juicio”, porque El Espíritu Santo convence de estas cosas como lo dijo El Señor Jesús (Juan 16:8).

Cuando el apóstol Pedro predico en pentecostés, predico acerca del pecado de los judíos por haber crucificado a Jesús. El apóstol Pablo hablaba “acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero” por lo que “Félix se espantó” (Hechos 24:25). Eso es predica verdadera.

Sin embargo hablar del pecado, justicia y juicio no supone que no debamos hablar de la gracia y misericordia de Dios.

2. Los predicadores de avivamiento predicaban con gran compasión y lágrimas.

Compasión significa: “sentir simpatía, lástima, ser movido con misericordia de corazón” (Strong).

Mateo dice: “Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos…” (Mateo 14:14). Tanto el Señor Jesús como los apóstoles y los hombres de Dios de todas las épocas han tenido compasión por las almas.  Al predicar el evangelio debemos permitir que el Espíritu Santo derrame su amor en nuestros corazones para suplicar a los pecadores que se arrepientan.

“Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella” (Lucas 19:41).

George Whitefield uno de los hombres más consagrados que ha caminado en la tierra desde los días de los apóstoles predicaba con lágrimas. Cornelius Winter dice de él: “Casi nunca supe que él diera su sermón sin llorar, y creo que eran lágrimas sinceras. Frecuentemente su voz era interrumpida por la emoción; y lo he escuchado decir desde el púlpito, ‘Ustedes me culpan por llorar, pero ¿cómo puedo evitarlo si ustedes no lloran por sí mismos, aunque sus almas estén al borde de la destrucción?  y no sé en absoluto ¡si están escuchando su último sermón!  Algunas veces él lloraba excesivamente, pisoteaba fuerte y apasionadamente, y frecuentemente era tan sobrecogido que requería un  poco de tiempo para componerse” (Citado en “Buena predicacion: Lo que es y lo que no es”. Glenn Conjurske).

El apóstol Pablo predicaba con lágrimas. “De noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno” (Hechos 20:31).

No debemos llorar al predicar si El Espíritu Santo no nos mueve a hacerlo. El Dr. Martyn Lloyd-Jones dijo: “Por supuesto, un hombre que trata de producir un efecto [por llorar en el pulpito] se hace un actor, y es un impostor abominable” (Preaching and Preachers, Zondervan Publishing House, 1971, p. 93).

ORACIÓN DE AVIVAMIENTO

La oración que prevalece y logra su fin para la salvación de las almas es oración de avivamiento. Pero esta oración debe hacerse con fe no dudando nada.

Si la oración no está de acuerdo a la voluntad de Dios se estará perdiendo el tiempo. Todo egoísmo y orgullo debe de abandonarse para siempre. Un corazón puro es necesario para orar con confianza.

Nuestras oraciones deberán ser con suplicas en el Espíritu por los pecadores. David decía: “El furor se apoderó de mí a causa de los inicuos, que dejan tu ley…Ríos de agua descendieron de mis ojos, por los que no guardan tu ley” (Salmo 119:53,136).

Pablo dice a los gálatas: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gálatas 4:19).

Pablo sufría como dolores de parto por los gálatas. Si queremos que Dios derrame un avivamiento tenemos que sufrir estos mismos dolores.

Estos dolores son el dolor que siente un cristiano por el mundo perdido y los expresa con gritos o gemidos indecibles en  oración por la salvación del mundo perdido. La oración de avivamiento es suplicas con profundo dolor en el corazón.

Las oraciones en y por El Espíritu, son hechas con sollozos, con suplicas como si se fuera a romper el corazón.

En el libro: “Juan Hyde, Apóstol de oración” Francis McGaw escribe de Hyde, el misionero a la India: “Pero cerca del oratorio de Juan Hyde se nos permite escuchar sus suspiros y sus gemidos,… estremecido por sollozos al implorar, “Oh, Dios, ¡dame almas o moriré!””.

El Señor Chapman dijo de una reunión de oración con Hyde: “…puso su brazo alrededor de mi hombro y del fondo de su corazón surgieron peticiones a favor de los hombres, como nunca jamás las había oído, y cuando me levante de mis rodillas supe lo que era la verdadera oración” (Citado en, “Juan Hyde, Apóstol de oración”).

GRANDES AVIVAMIENTOS EN LA HISTORIA DE LA IGLESIA

Dios ha derramado muchos avivamientos poderosos en tiempos bíblicos y hace unos cientos de años atrás en tiempos de Wesley, Edwards, Whitefield, Finney y otros; pero quiero hablar solamente de tres avivamientos gloriosos que me han impactado mucho.

1. El Avivamiento Galés (1904-1906).

Algunos llamaron a este avivamiento “El Pentecostés más grande que Pentecostés”.

Evan Roberts fue uno de los hombres que El Señor escogió para usarlo en el avivamiento Galés. Dios le revelo que 100.000 almas vendrían a Cristo en arrepentimiento. 

En este gran avivamiento, las cantinas se cerraban, las cárceles quedaban sin presos, y los policías se quedaban sin trabajo, los deportistas estaban predicando de Jesucristo, los músicos  estaban entonando himnos.

Lo asombroso es que casi inmediatamente después de sus conversiones salieron por todas partes enviados a predicar. Los niños predicaban el evangelio, y oraban gritando: “¡Envía al Espíritu Santo, por amor a Jesús!”

En este avivamiento los pecadores tenían una convicción de pecado muy profunda que les llevaba a un profundo arrepentimiento. No se quería volver a pecar nunca más. La gente lloraba con mucho dolor por sus pecados. Pero su gozo por recibir el perdón de Dios fue enorme.

La gente estaba en éxtasis por la cercanía de Dios. En las minas tuvieron problemas serios, porque los caballos habían sido entrenados para responder a las maldiciones de los conductores, y ya que ellos no maldecían más, los caballos no podían entender las órdenes.

Las reuniones políticas fueron pospuestas, porque los miembros del parlamento estaban en las reuniones de avivamiento.

Las compañías teatrales desistieron de ir a Gales porque ya nadie asistía a sus espectáculos.

Alguien escribió sobre este avivamiento: “El avivamiento galés fue una invasión poderosa del Espíritu; el reino de Dios se manifestó de manera radical en la tierra”.

2. Avivamiento de la calle Azusa 312 (1906-1908).

En este gran avivamiento Dios uso a William Seymour quien era el pionero principal. Frank Bartleman uno de los pioneros fue el instrumento que ha relatado sobre este gran mover de Dios en su libro “Azusa Street”, el cual recomiendo mucho.

En este avivamiento estaban juntos los ricos y los pobres, los analfabetos y las personas educadas, el blanco y el de color. Se rompieron las barreras raciales.

En la publicación de la primera edición de “Fe Apostólica" se decían estas palabras: “Predicadores orgullosos, bien vestidos vinieron a 'investigar'. Pronto su aspecto importante fue reemplazado por asombro, luego vino su convicción, y muy a menudo los encontrabas en corto tiempo revolcándose en el piso sucio, pidiendo perdón a Dios y haciéndolo como niños pequeños”.

George O. Wood señala que en este avivamiento hubo: (1). Un hambre del Señor. (2). Un amor genuino por los demás. (3). Compromiso con su Palabra. (4). Dedicación al evangelismo y a las misiones. (5). Compromiso con la restauración de la iglesia del Nuevo Testamento.

Frank Bartleman dice: “Sabíamos instantáneamente cuando habíamos contristado al Espíritu, por una palabra o una obra cruel. Parecía que vivíamos en un mar de puro amor divino. El Señor luchaba por nosotros en las batallas. Nos consagrábamos a su juicio totalmente en todos los asuntos, sin siquiera intentar defender a la obra o a nosotros mismos. Vivíamos en su presencia, inmediata y maravillosa. Y nada contrario a su puro Espíritu era permitido allí. Lo falso era separado de lo real por el Espíritu de Dios. La Palabra de Dios misma decidía absolutamente todos los temas. Los corazones del pueblo eran escudriñados a fondo, tanto en hecho como en su motivación. Formar parte de este grupo no era algo para tomar a la ligera. Nadie 'osaba unírseles' (Hechos 5:13), a menos que su intención fuera seria...” (Azuza Street).

Bartleman mas adelante dice: “El hermano Seymour era reconocido como líder nominal a cargo. Pero no teníamos papa ni jerarquía alguna. Éramos 'hermanos'. No teníamos un programa humano. Dios mismo nos dirigía. No teníamos clase sacerdotal, ni tareas sacerdotales. Estas cosas vinieron después, con la apostasía del movimiento. En el principio ni siquiera teníamos una plataforma o un púlpito. Todos estábamos a la misma altura. Los ministros eran siervos, según el verdadero sentido de la palabra. No honrábamos a los hombres por su posición ventajosa, ya fuera a causa de su dinero o de su educación... No se anunciaba con anticipación el tema de los sermones o los mensajes, ni los nombres de los predicadores para una hora determinada. Nadie sabía qué sucedería, qué haría Dios. Todo era espontáneo, ordenado por el Espíritu. Queríamos escuchar lo que Dios tuviera para nosotros, fuera quien fuere la persona que Él eligiera para hablar. No hacíamos acepción de personas...Alguien podía estar hablando, y repentinamente el Espíritu caía sobre la congregación. Dios mismo hacía el llamado. Los hombres caían por todas partes, como heridos en una batalla, o corrían hacia el púlpito en masa, buscando a Dios... Nunca vi que se hiciera un llamado evangelístico en esa época. Dios mismo los llamaba. Y el predicador sabía cuándo irse...” (Azuza Street).

3. El Avivamiento en la isla de Lewis, Escocia (1949).

Sobre este avivamiento, el Pastor Duncan Campbell, escribiendo para la revista, “La Trompeta de Dios” dice:

Ante todo, quiero decir que yo no produje el avivamiento en Luis, sino que empezó antes de que yo llegara a la isla.

¿Qué es el avivamiento?

Existen muchas opiniones en las iglesias de hoy, en cuanto a qué es un avivamiento. Hay una gran diferencia entre un avivamiento y una cruzada de evangelismo, esto último no es avivamiento, aunque doy gracias a Dios por cada alma alcanzada para Cristo por medio de tales esfuerzos y doy gracias a Dios por cada tiempo de bendición recibida en nuestras conferencias y convenciones, sin embargo tales esfuerzos, por lo común, no tocan al vecindario, y la inmensa mayoría de la gente se van precipitadamente hacia el infierno.

En un avivamiento, la comunidad repentinamente se conscientiza de la presencia de Dios. El comienza a obrar entre su propia gente, y en cosa de pocas horas -no de días, sino de horas- las iglesias vienen a ser muy concurridas, no hay anuncio de reuniones especiales, pero pasa algo que atrae a hombres y mujeres a la casa de Dios. Dentro de horas, habrán veintenas de personas pidiendo perdón a Dios antes de siquiera llegar cerca de la iglesia.

En el avivamiento que hubo en tiempo de Jonathan Edwards, eso fue lo que pasó. En el avivamiento de Gales, eso fue lo que pasó. Y en el avivamiento más reciente en Luis, eso es lo que pasó. Dios se manifestó y súbitamente los hombres y las mujeres por todas partes de la parroquia fueron paralizados por temor a Dios.

Como empezó el avivamiento en Luis

Un día al atardecer, una mujer ciega de 84 años, tuvo una visión. Esta anciana querida, Margarita, vio en la visión a la iglesia de sus padres llena de jóvenes y a un ministro desconocido en el púlpito. Estaba tan emocionada por esta visión que llamó al pastor y se la contó. El pastor de la colonia era un hombre que temía a Dios y anhelaba verlo obrando, había tratado muchas cosas para interesar a los jóvenes de la parroquia, pero ni siquiera un adolescente asistía a la iglesia.

¿Qué es lo que le dijo Margarita? -Estoy segura de que usted está anhelando ver a Dios obrar. ¿Qué piensa de convocar a los ancianos y diáconos y sugerirles que pasen dos noches por semana en oración a Dios? Ustedes han probado misiones; han probado evangelistas especiales. ¿Han probado a Dios?

El pastor humildemente obedeció.

-Sí, convocaré la sesión, sugiriendo que nos juntemos los martes y viernes en la noche, para pasar toda la noche en oración.

-Muy bien -respondió-, si ustedes hacen eso, mi hermana y yo nos arrodillaremos a las 10:00 pm cada martes y viernes, y nos quedaremos allí hasta las 4:00 de la mañana.

Así todos se concentraron en la oración. Tuvieron esta promesa de Dios, y con esa promesa suplicaron: “Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida” (Isaías 44:3). En sus oraciones, según lo que dijo el pastor, ellos debían pedir vez tras vez: Señor, Tú eres un Dios que guarda tu pacto, y debes cumplir Tu promesa.

Las súplicas y las reuniones duraron por varios meses, luego, una noche, aconteció algo muy notable; estando de rodillas en medio de la paja en el granero, de repente un joven se puso de pie y leyó en voz alta una parte del Salmo 24: “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño. El recibirá bendición de Jehová” (v.v. 3-5), cerró su Biblia y mirando a los ojos del ministro y a los otros arrodillados allí, dijo: Hermanos, me parece que es tiempo perdido el orar como hemos estado orando, y esperar como hemos estado esperando, si nosotros mismos no tenemos relaciones debidas con Dios, entonces comenzó a orar: “Señor, ¿están limpias mis manos? ¿Es puro mi corazón?” Y aquel querido hombre no siguió más adelante, pronto se arrodilló y se extendió boca abajo en la paja. En cosa de pocos minutos, un poder se soltó en Barvas, el cual desconcertó a todos los habitantes de la isla.

¡Dios se manifestó!

El Espíritu Santo comenzó a obrar en medio de la gente. El pastor, describió lo que pasó la mañana siguiente y dice: “Se encontró a Dios en el yermo; se le encontró en los hogares. Dios parecía estar en todas partes”.

¿Y qué fue eso? ¡Fue avivamiento! No fue algo organizado a base de esfuerzo humano, sino que era toda la comunidad consciente de Dios, lo cual tuvo en suspenso a todos en el área, tanto así que todo trabajo se paró. La gente se reunió en grupos. Los jóvenes se reunían en el campo y comenzaron a hablar acerca de este fenómeno de parte de Dios, que saturaba la comunidad.

En cosa de unos días, recibí una carta invitándome a la isla. En ese momento experimentaba un movimiento muy grande en la isla de Skye. No era un avivamiento, pero hombres y mujeres aceptaban a Cristo, y Dios fue glorificado por los muchos hombres notables quienes encontraban al Salvador. Cuando recibí esta invitación a venir a Luis por diez días, respondí que no me era posible puesto que estaba envuelto en una convención durante los días de fiesta. Ya habíamos hechos los arreglos para los predicadores y también por las habitaciones en los hoteles para la gente que venía de todas partes de Gran Bretaña, pero después tuve que cancelar esa convención, principalmente, porque la agencia de viajes alquiló los hoteles para una semana especial que iban a celebrar.

El pastor recibió la carta en la cual yo había rehusado aceptar la invitación, y se la leyó a Margarita. “Eso es lo que piensa el hombre”, dijo ella, “pero Dios ha dicho lo contrario. El Sr. Campbell estará aquí dentro de dos semanas”.

La convención no estaba cancelada cuando ella dijo eso, pero ella sabía. “La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto” (Salmo 25:14). Y ella tenía comunión íntima con Dios.

Llegué a la isla en diez días, y el pastor con dos ancianos me recibieron en el embarcadero. En el momento que me bajé del barco un hermano anciano se acercó y me enfrentó con una pregunta: “Sr. Campbell, ¿puedo hacerle esta pregunta? ¿Está usted caminando con Dios?” He aquí tres hombres que vivían en serio, hombres que temían que una mano no ungida tocara el Arca. Me alegré de poder decir: “Ahora bien, pienso que puedo decir que temo a Dios”. “Bueno”, dijo el anciano querido, mirándome, “si usted teme a Dios, eso bastará”. Entonces el pastor se volvió hacia mí y dijo: “Estamos seguros, Sr. Campbell, que usted está cansado y deseando cenar, pero me pregunto si primero consentiría en predicar un sermón en la iglesia antes de llegar a casa para que los asistentes le vean. Habrá una asistencia prometedora; quizá no muchos, pero suponga eso de dos o trescientos. Tenga en cuenta que hay una manifestación de Dios entre nosotros”.

Nunca comí esa cena porque no llegué a la casa del pastor hasta las cinco y veinte de la mañana. Fuimos a la iglesia, y prediqué a una congregación de más o menos 300 personas. Fue una buena reunión, con un sentido maravilloso de la presencia de Dios, pero nada excepcional pasó. Terminé la junta con oración y caminaba por el pasillo cuando un joven se me acercó y dijo: “Nada todavía ha pasado, pero Dios está presente, y en cualquier momento El va a abrir un camino”.

Soy perfectamente honesto cuando digo que no sentí nada. Pero aquí había un joven mucho más cerca de Dios que yo, y él sabía el secreto.

Continuamos hacia la puerta de la iglesia a medida que toda la congregación salía. Sólo el joven y yo quedábamos dentro. El levantó las manos y comenzó a orar: “Dios, Tú nos has prometido derramar aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida, pero no lo estás haciendo”.

El oraba, y oraba, y oraba de nuevo hasta que cayó en el piso. Estuvo tumbado allí por cinco minutos, estando yo de pie a su lado, y luego se abrió la puerta de la iglesia, alguien entró y dijo: “Sr. Campbell, pasó algo maravilloso. ¡Un avivamiento ha comenzado! Por favor, venga a la puerta para ver la muchedumbre que ha llegado a las once”. Cuando miré, vi a seiscientas o setecientas personas agrupándose en torno a la iglesia.

Este joven querido se paró a la puerta y sugirió que cantáramos el Salmo 126:1-2: “Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risa, y nuestra boca de alabanza…” Y ellos cantaban y cantaban. De entre ellos podía oír yo el grito de los penitentes, hombres pidiendo a Dios misericordia.

Me volví al anciano y dije: “¿No piensa que debiéramos abrir de nuevo las puertas de la iglesia y permitirles entrar?”

En unos minutos la iglesia se llenó, a quince minutos de la medianoche. ¿De dónde vino la gente? ¿Cómo sabían ellos que se celebraba un culto? No puedo decirle, pero vinieron de las aldeas y los caseríos. Si hoy uno les preguntara: “¿Qué es lo que les influenció a venir?”, ellos no podrían decirle. Fueron conmovidos por un poder que está más allá de una explicación, y ese poder les dio a entender que eran pecadores que merecían el infierno y el único lugar en el cual podían pensar para obtener el socorro, fue la iglesia. Allí estaban, entre seiscientos y setecientos.

Esa misma noche había un baile en la parroquia. Cuando este joven oraba en el pasillo de la iglesia, el poder de Dios entró a ese baile, y los jóvenes, más de 100 de ellos, huyeron del baile como si fueran huyendo de una plaga, y se dirigieron a la iglesia.

Cuando traté de subirme al púlpito, fui impedido por los muchos jóvenes del baile. Cuando por fin logré hacerlo, descubrí que allí en el piso detrás del púlpito estaba una joven, una graduada de la Universidad Aberdeen, quien estaba sentada allí llorando: “¿No hay nada para mí? ¿No hay nada para mí?” Dios estaba obrando, y la visión de Margarita fue verdadera y real. La iglesia fue llena tanto de jóvenes como de adultos.

Esa reunión duró hasta las cuatro de la mañana. Al salir de la iglesia, encontré a un joven que no era creyente, aunque temía a Dios, y me dijo: “Señor Campbell, debe haber entre 200 y 300 personas congregadas en la comisaría. Algunos están arrodillados. No lo entiendo”.

Hubo aquí una multitud de hombres y mujeres de una aldea vecina, a eso de cinco millas de allí, quienes se encontraban tan conmovidos por Dios, que vinieron a la comisaría porque sabían que el policía allí era un hombre bien salvo que temía a Dios. La comisaría estaba junto a la casa de Margarita. Este joven me suplicó que fuera a la comisaría, lo cual hice. Nunca olvidaré lo que oí y vi esa mañana: Jóvenes se arrodillaban al borde del camino. Pienso en un grupo de seis, uno de ellos borracho. Su madre anciana estaba arrodillada a su lado, llorando: “Oh, Memo, ¿por fin vienes? Memo, Memo, ¿por fin vienes?” Y ahora Memo es pastor en la parroquia. Y del grupo de jóvenes quienes buscaron a Dios esa noche, nueve de ellos están predicando.

¡Eso es un avivamiento!

¡Dios obró! ¡Eso es el avivamiento! Esa es la necesidad enorme de la iglesia alrededor del mundo hoy día. No es este o aquel esfuerzo con base en tentativas humanas, sino una manifestación de Dios la cual conmueve a los pecadores a pedir la misericordia antes de acercarse al edificio del culto.

Esa es la manera en que se inició el avivamiento en Luis. Luego pasó fuera de los límites de esa parroquia a las vecinas. Comenzamos predicando en las reuniones día y noche. Una vez en el transcurso de 24 horas, prediqué en ocho reuniones -cinco veces en cultos muy concurridos, dos veces en el campo y una vez en la playa-. Hombres ancianos habían cruzado las aguas esa noche, y muchos encontraron al Salvador. Les seguimos a la playa, y allí cantamos los salmos de Sion a las dos de la mañana, antes de que ellos se embarcaran con rumbo a sus casas. ¡Eso es Dios obrando!

Una noche un hombre se me acercó y dijo: “¿Le será posible venir y visitar nuestra parroquia?” “Bueno, depende de cuándo pueda yo visitarla. Creo que sería posible a la una de la mañana”. Y así fue que fuimos, llegando a la una y media.

Al llegar, encontré una de las iglesias grandes totalmente llena, con mucha gente afuera. Prediqué allí por una hora, y después salí mientras centenares de personas pedían a Dios misericordia.

Al salir de la iglesia, otro joven se acercó y me dijo: “Sr. Campbell, debe haber entre 300 y 500 en un campo aquí abajo, y los ancianos están preguntándose si usted puede hablar con ellos.

Fui y encontré a este gentío, oh, fue muy fácil predicarles. El Espíritu de Dios estaba conmoviéndolos.

Vi a un hombre tendido en el suelo, intensamente, muy ansioso acerca de su alma. Luego vinieron cuatro jovencitas, como de 16 años, arrodillándose a su lado. Una de ellas dijo: “Mira, el Cristo que nos salvó anoche, te puede salvar ahora”. Y ese hombre fue salvo mientras que las muchachas oraban alrededor de él. ¡Eso es avivamiento!

Tomado de la Revista “La Trompeta de Dios”, no. 63, May-Jun 1990.





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Re:EN BUSCA DE UN AVIVAMIENTO
« Respuesta #1 en: Marzo 12, 2017, 06:22:56 am »
Espero que les sea de bendición a todos este estudio.

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Re:EN BUSCA DE UN AVIVAMIENTO
« Respuesta #2 en: Marzo 14, 2017, 06:06:07 pm »
Muy estimados hermanos, desearía que leyeran este estudio en su congregación con sus hermanos en la fe