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(El control del niño interior e implicaciones en el área espiritual)

"¿Porque es mi dolor perpetuo y mi herida incurable, que rehusa sanar? Serás en verdad para mi como corriente engañosa como aguas en las que no puedo confiar? " (Jeremías 15:18).

Dentro de nuestra alma, mora lo que algunos llaman el niño interior. Él es el bagaje de emociones y sentimientos reprimidos de dolor, frustración, abandono, sentimientos de injusticia, temor, rechazo y soledad sufridos durante la infancia. Estos sentimientos y emociones yacen él la mente y el corazón de la persona adulta dado que no pudieron ser superados durante la infancia porque en esa edad el niño no estaba en capacidad de explicarse en forma lógica y realista las causas de sus carencias y dolor.

En la etapa adulta, estas emociones dañadas y argumentos pueden tomar control de la vida de las personas en una forma explosiva haciendo reaccionar exageradamente frente a un estímulo o situación que no se puede controlar.

Estas reacciones se deben al control que ejerce el niño interior herido sobre la vida de la persona.

Por otra parte surgen sentimientos referentes a la relación de autoridad de las personas que estuvieron a cargo de nuestras vidas durante la infancia. Las experiencias hacia la desobediencia y castigo, control y autoridad generan muchos sentimientos que causan temor, ira, e inseguridad en la vida adulta.

Estos sentimientos también se proyectan en el área espiritual, porque hay que recordar que el ser humano actúa en forma integral con sus tres áreas: cuerpo, alma y espíritu. De esta formas sus experiencias que le generan desconfianza, sentimientos de desamparo, temor al castigo etc son proyectadas en una imagen inadecuada de Dios.

Porque al llegar y entregar la vida a Dios sé la esta entregando al Padre celestial que nos demanda obediencia. La palabra "Padre Celestial", puede acarrear sentimientos de desconfianza y temor. Esto es debido al control del niño interior herido dentro de la mente y corazón de la persona.

En la Biblia podemos encontrar algunos versículos donde los personajes bíblicos proyectan estos sentimientos de inseguridad hacia el Padre Celestial, hacia la figura de Dios:

"Clamo a ti y no me respondes, me pongo en pié y no me prestas atención" (Job 30:20). "¿Con qué me presentaré al Señor y me postraré ante el Dios de lo Alto? Me presentaré delante de Él con holocaustos, con becerros de un año? Se agrada el Señor de millares de carneros, de miríadas de ríos de aceite? Ofreceré mi primogénito por mi rebeldía, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma?" (Miqueas 6: 6,7).

El amor imperfecto recibido en la infancia enseñó al niño que para recibir amor hay que dar algo a cambio. Esto se debe al amor condicional con que fuimos criados.

Si se hace algo bueno se obtiene algún premio, y si se hace algo malo se obtiene castigo.

De acuerdo a lo anterior puedes entender ahora porqué te es difícil confiar en Dios y entregarle las cargas. Esto es porque lo estás viendo a través de tus ojos espirituales dañados por el pecado. Esto ha provocado en el fondo de tu corazón, una imagen y concepto inadecuado de Dios que opera en forma silenciosa como una barrera entre el verdadero Dios y tu espíritu... conoces con tu mente que Dios es fiel pero algo te impide creer en el fondo de tu corazón que el quiere ayudarte.

Desarrollaste un mecanismo de defensa que te dice que es mejor no confiar. Ese sentimiento es el temor a ser rechazado o traicionado, no es propiamente un temor a Dios sino a sufrir nuevamente. Es un mecanismo de defensa para un alma que ha sido muy herida en su caminar por el mundo.

Para liberarse de estos mecanismos de defensa y control de las emociones del niño interior herido, que estorban en tu crecimiento espiritual debes primero conocer las causas de esa desconfianza maligna. Porque sin esa confianza absoluta en Dios el camino hacia tu paz interior y restauración estará lleno de tropiezos y luchas.

Otro obstáculo que te impide ver al verdadero Dios de amor, es la rebeldía hacia la autoridad celestial. Estos sentimientos nacieron en la infancia, por temor al castigo. Este temor nació en tu relación conflictiva con las personas que te cuidaron y te corrigieron en forma inadecuada. Por esta razón en tu relación con Dios puedes proyectar ese temor hacia la Autoridad Divina.

Para ser Hijo de Dios debes obedecerle, pero esa palabra puede sonar en el corazón de tu niño interior con gritos de angustia o dolor porque crees que siempre fallarás y serás castigado. Debes entender que Dios no castiga sino que disciplina a todos los que ama. La Biblia dice:

"Tuvimos padres terrenales para disciplinarnos y los respetamos, con cuanta más razón no esteraremos sujetos al Padre de nuestro espíritu y viviremos? Porque ellos nos disciplinaban por pocos días como les parecía, pero El nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de su santidad" (Hebreos 12:9,10).

La disciplina de Dios es para renovarte, por amor.

La desconfianza y temor al Dios que representa autoridad y obediencia, puede inducirte a servirle en forma compulsiva porque en el fondo de tu corazón lo que quieres es ganar su aprobación. Esto no es extraño porque es lo que has aprendido en el mundo imperfecto en que vives. Debes recordar que desde tu conversión verdadera has obtenido su perdón y aceptación. Por tanto no tienes que hacer nada para conseguir la aprobación y bendiciones de Dios padre.

Si siempre estás pidiendo a Dios perdón por pecados del ayer es posible que sientas estos sentimientos. Si te sientes muy pequeño e indigno cuando te comparas con los demás y crees que Dios no quiere bendecirte como a otros es porque tu valor propio o autoestima está dañada y la estás proyectando a Dios. Debes recordar que Dios no hace acepción de personas (Hechos 10:34). Debes confiar en que El completará la obra en ti, conforme a los propósitos para lo que fuiste llamado.

La ira contra Dios puede ser un pecado que estés ocultando, pero Dios todo lo conoce. Esto al mismo tiempo te produce sentimientos de culpa y temor a Él; lo que te impide acércate con confianza y seguridad. Reconoce si estás culpando a Dios de tus tragedias personales o por las experiencias dolorosas y carencias de tu infancia y pídele perdón porque el pecado te separa de El.

Es necesario que canceles la rebeldía, el sentimiento de culpa, el temor al castigo, la oposición a la obediencia, la ira contra Dios y los sentimientos de baja autoestima que te dicen que no eres importante para Él. Estos obstáculos te impiden confiar en Dios y entregarle las cargas, para que sea restaurada tu vida y puedas gozar de paz interior. Conociendo y meditando sobre estos impulsos en tu vida, puedes empezar a confiar en Dios como un Padre de amor perfecto. Si confías en El , podrás entonces confiar y creer en su palabra y estarás firme en la lucha que enfrentaras durante tu restauración.

PARA RECORDAR:

"Bendito es el hombre que confía en el Señor, será como árbol plantado junto al agua que extiende sus raíces junto a la corriente. No temerá cuando venga el calor y sus hojas estarán verdes, en año de sequía no se angustiará ni cesará de dar frutos" (Jeremías 17:7,8).

"Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y el enderezará tus sendas" (Proverbios 3:5,6).

PARA RECORDAR:

"¡Yo confío en el Señor, lo reconoceré en todos mis caminos y El enderezará mis sendas!" ¡Yo confío en el Señor, lo reconoceré en todos mis caminos y El enderezará mis sendas!" ¡"¡Yo confío en el Señor, lo reconoceré en todos mis caminos y El enderezará mis sendas!" (Proverbios 3:5,6).

ESCRIBE UNA ENSEÑANZA PARA APLICACIÓN EN TU VIDA:

ORACION:

" Oh Señor, escucha mi oración, presta oídos a mis súplicas. Respóndeme por tu fidelidad, por tu justicia; y no entres en juicio con tu siervo, porque no es justo delante de ti ningún viviente, pués el enemigo ha perseguido mi alma. Ha aplastado mi vida contra la tierra; me ha hecho morar en lugares tenebrosos como los que hace tiempo están muertos. Y en mí languidece mi espíritu; mi corazón está consternado dentro de mí. Me acuerdo de los días antiguos, en todas tus obras medido, reflexiono en la obra de tus manos, a ti extiendo mis manos; mi alma te anhela como la tierra sedienta.

Respóndeme pronto, oh Señor, porque mi espíritu desfallece; no escondas de mí tu rostro, para que no llegue a ser como los que descienden a la sepultura. Por la mañana hazme oír tu misericordia, porque en ti confío; enséñame el camino en que debo andar, pues a ti elevo mi alma. Líbrame de mis enemigos, Oh Señor; en ti me refugio.

Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guíe a tierra firme. Por amor a tu nombre, Señor vivifícame; por tu justicia, saca mi alma de la angustia, y tu misericordia, extirpa a mis enemigos, y destruye a todos los que afligen mi alma; pues yo soy tu siervo"(Salmo 143). Ahora conoces que la imagen inadecuada de Dios nace del corazón del niño interior herido que ha levantado mecanismos de defensa y formas de control y evasión para no ser sanado interiormente.

 


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