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(Necesito encontrar el camino)

MEDITACIÓN:

...Mi espíritu está abatido y vivo en dos mundos: Mi mundo exterior y mi mundo interior. Mas no siento paz. En mi mundo interno, mi alma mora en tinieblas de mentiras que yacen en las profundidades de mis pensamientos ocultos. Encadenado y cautivo deseo alcanzar mis sueños, olvidar mi dolor y poder perdonar, pedir perdón y perdonarme a mí mismo. Pero... ¡No puedo! Voces silenciosas surgen sin control y me dominan. Quiero y no puedo, puedo y no quiero.

Y es que me siento diferente a otros. Siento que no tengo un lugar especial donde reposar, un lugar donde pertenecer. Siento un vacío de algo que he perdido o que debo encontrar. Me siento inseguro con otras personas porque creo que no me aceptan aunque me demuestren lo contrario. Por eso a veces me doy sin condiciones y llego a perder mi dignidad. Es que en el fondo, solo quiero que me acepten, porque he tenido tantas experiencias dolorosas en mi andar por el mundo que necesito amar y ser amado.

He rodado por caminos de pecado porque en el fondo buscaba olvidar pensamientos que me torturan y he querido vengar el daño que me han hecho.

Mis emociones cambian sin que yo pueda dominarlas y vivo entre la angustia, la ansiedad o la depresión. Emprendo cosas pero no puedo terminarlas; siento que soy insignificante porque no tengo propósito en esta vida. Me invade la frustración por no poder hacer justicia contra la vida que me ha quitado tantas cosas, contra aquellos que se ríen de mi y que amé, pero que destruyeron mi vida.

Intento levantarme, salir de lo que he caído y que me destruye lentamente así como a los que me rodean, pero... no puedo. Entonces vuelvo a refugiarme en mis pecados que me envuelven en un círculo vicioso y me esclavizan, y oigo las voces silenciosas que me confunden. No sé que camino seguir.

Y pasan los días pasa el tiempo y mis fuerzas internas se agotan. Todo lo he intentado, no hay esperanza. Soy esclavo de mi pasado, soy esclavo de mis ideales inalcanzables de un futuro que no será. Olvido vivir mi presente porque no sé como amarme, por eso no puedo amar a otros.

Busco con desesperación a Dios, pero no sé cómo puede ayudarme. Puede Dios transformarme o consolarme?

Puede El rescatarme de mi propia oscuridad, mostrarme un destello de luz que pueda conducirme hacia mi paz perfecta o puede El cambiar mi corazón quebrantado, tal vez en un instante o en un día, o por medio de una oración? ...

Tal vez no quiera aceptarme porque soy indigno y tan pecador. Es que me han hecho tanto daño que guardo mucho odio por dentro, pero reconozco que también yo he hecho mucho daño...

Y mi camino por la vida no espera, porque las ruedas del tiempo giran sin compasión... ¿Dónde podré encontrar el camino de paz que me guíe a conocer realmente quién soy?

¿Dónde están los barrotes de mi propia prisión? ¿Dónde están las cadenas, los muros, las fortalezas, las tinieblas de mi mundo interior? Me rodean pero no puedo destruirlas por que están entre mi mente y corazón, entre la división de mi alma y mi espíritu...

Mi yo en angustia grita. Es mi voz auténtica en medio de otras voces engañosas de mentiras.

Están encadenadas a muros, fortalezas, cadenas de hielo, de odio, que me culpan en las tinieblas, me castigan y me impiden ver la luz. Están en un lugar frío donde no existe el amor, por eso me siento esclavo de mí mismo, aunque despierto mi alma sigue viendo oscuridad.

Me hablan de un Dios de amor, pero a solas me pregunto si podré agradarle porque temo no poder dejar el pecado en que estoy atrapado y temo fallarle. Si El me pidiera que transformara mi vida... ¿cómo podría hacerlo si no conozco otra forma de vivir, si todo está en contra mía...?

Necesito encontrar el camino para ser libre y una voz que me guíe en el bullicio de las voces confusas del temor, y de la ira profunda que siento. Necesito una mano que me levante cuando caiga, unos brazos que me sostengan en reposo cuando ya no pueda más y una presencia apacible que, cuando me dé por vencido, traiga un nuevo resplandor con nuevas fuerzas y esperanzas que me hagan ver más cercano y posible el camino para alcanzar paz interior.


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