(El sentimiento de culpa e importancia de la confesión)

"Mientras callé mi pecado, mi cuerpo se consumió con mi gemir durante todo el día; porque día y noche tu mano pesaba sobre mi; mi vitalidad se desvanecía con el calor del verano"(Salmo 32:3,4).

El sentimiento de culpa puede producirte en tu vida las siguientes consecuencias: Sentirte torturado por un sentimiento de temor al castigo, sentir que no mereces bendiciones, sentir una inmensa necesidad de confesar tus pecados continuamente, sentir que Dios no te ha perdonado, lavarte las manos continuamente, producirte enfermedades para autocastigarte, tratar de servirle a Dios en forma compulsiva para ganar sus bendiciones y protección y muchas formas que inventas para acallar las voces de castigo y temor que moran dentro de tu mente.

Dios nos creó con una conciencia moral que nos permite discernir internamente entre el bien y el mal. Todos tenemos una naturaleza pecadora:

"Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros" (I Juan 1:8).

El pecado trae como consecuencia el sentimiento de culpa y este sentimiento, a su vez, temor al castigo. Al mismo tiempo la sociedad en que vivimos nos ha enseñado que todo culpable debe ser castigado. Esta condenación y juicio hacia el pecado es el temor al castigo que encadena e impide la paz interior.

Cuando el pecado es muy grave el sentimiento de culpa aumenta, así como el temor al juicio severo de Dios, del prójimo y de nosotros mismos.

La persona que se siente culpable sé autocastiga (a si misma) de diferentes maneras: negándose las bendiciones, induciendo enfermedades y dolencias (sin causa física) en su cuerpo. Puede caer en angustia, ansiedad, depresión y sobre todo no se siente en comunión con Dios pues teme a su juicio. Sintiéndose culpable aunque ya haya sido perdonado por Dios, no podrá asumir los privilegios de ser su hijo..

En los siguientes versículos bíblicos puedes ver como el pecador siente dolencias físicas a causa del sentimiento de culpa provocado por el pecado y el temor al juicio de Dios.

"Enmudecí y callé; guardé silencio aun acerca de lo bueno, y se agravó mi dolor"(Salmo 39:2). "Mira oh Señor, que estoy angustiado, hierven mis entrañas, mi corazón se revuelve dentro de mí, porque he sido muy rebelde. En la calle la espada mata, en la casa es como la muerte" (Lamentaciones 1: 20).

Hay dos formas de sentimiento de culpa:

La culpa real por un pecado cometido, y la culpa falsa. La culpa falsa es un modelo de sentimiento aprendido, desde niño. Tal vez porque siempre se le culpó por lo errores y problemas del hogar o porque el niño asumió que era responsable de las faltas de otros.

Como se llame la culpa, el Hijo de Dios debe aprender, entender y apropiarse del perdón de Dios y del castigo asumido por Jesús para pagar por sus pecados.

El Hijo de Dios debe recordar siempre lo que hizo el Señor Jesucristo por los pecadores, como se expresa en el libro de Isaías:

"Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Mas Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades, el castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por sus heridas hemos sido sanados."

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino, pero el Señor hizo que cayera sobre Él la iniquidad de todos nosotros" (Isaías 53:4-6).

El Padre Celestial, en el plan de salvación para cada uno de nosotros, hizo que Jesús, su Hijo, pagara el precio por nuestras culpas...

Si Jesús pagó el precio por tus pecados debes asumir el derecho de sentirte limpio y sin mancha por su sangre en la cruz. Limpio de todo sentimiento de culpa, real o falso.

¿Porqué es importante la confesión y arrepentimiento para liberar el sentimiento de culpa?

Será necesario siempre acudir al arrepentimiento y confesión ante Dios para reconciliarnos con Él y estar en comunión. Debe hacerse en oración directamente con el Señor o en unión con hermanos maduros espiritualmente.

La confesión es la forma de liberación del sentimiento de culpa: Confesión ante Dios y también puede hacerse ante los hombres, (algún consejero, pastor) en oración. Confesión y arrepentimiento verdadero y no un autoengaño como "permiso para seguir en el pecado", porque a Dios nadie le engaña.

La Biblia dice:

"La oración de fe restaurará al enfermo, y el Señor lo levantará, y si ha cometido pecados le serán perdonados. Por tanto confesaos vuestros pecados unos a otros, y orad unos por otros para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede lograr mucho" (Santiago 5: 15,16).

La confesión del pecado en oración, da salud, paz interior y restaura la comunión con Dios.

"El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia" (Proverbios 28:13).

¿Cuál es la importancia de confesar los pecados a Dios?

Para permitir que el Señor derribe tus fortalezas de mentira es necesario ser honesto contigo mismo y con Dios.

Porque el que es honesto con Dios no puede engañarse a sí mismo, y de esta forma se libera de la tensión interna por los sentimientos de culpa y temor al castigo. Cuando se calla el pecado tu situación emocional empeora y se sienten dolencias físicas. Asi se expresa el salmista en le siguiente versículo:

"Enmudecí y callé; guardé silencio aun acerca de lo bueno y se agravó mi dolor" (Salmo 39:2).

Debes reconocer que de todos modos Dios conoce hasta lo mas intimo de tu ser, hasta los pensamientos más ocultos que no te atreves a decirle.

Escucha lo que te dice el Señor en soledad y silencio, el conoce hasta tus pensamientos mas profundos:

"Podrá alguno esconderse en escondites de modo que no lo vea? ¿No lleno yo los cielos y la tierra? - Declara el Señor" (Jeremías 23:24).

No calles, de lo que guardas dentro del corazón, confiesa tus pecados, exprésale al Señor el dolor que no quieres enfrentar. Suelta la tensión interna; no temas. De todos modos Él conoce todo lo que hay dentro de tu corazón. No seas como Adán y Eva que trataron de esconderse de Dios. Medita en su actitud cuando pecaron contra Dios:

"Y oyeron al Señor Dios que paseaba en el huerto al fresco del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia del Señor Dios entre los árboles del huerto. Y el Señor Dios llamó al hombre y le dijo ¿Dónde estás? Y él respondió: Te oí en el huerto, y tuve miedo porque estaba desnudo, y me escondí. Y Dios le dijo: ¿Quién te ha hecho saber que estabas desnudo?" ¿Has comido del árbol del cual te mandé que no comieras?. Y el hombre respondió: La mujer que tu me diste por compañera me dio del árbol y yo comí.

Entonces el Señor Dios dijo a la mujer: ¿Qué es esto que has hecho? Y la mujer respondió: La serpiente me engañó y yo comí " (Génesis 3: 8-13).

El Señor confrontó a Adán y Eva; Él ya conocía la verdad de los hechos pero necesitaba que ellos se enfrentaran a su culpabilidad.

Hoy también conoce la verdad de tus hechos; Él espera tu honestidad ante su presencia.

¡Que alivio sentir el perdón de Dios por tu iniquidad! Pero...

Le has manifestado al Señor también la iniquidad de otros sobre tu vida, el pecado de otros sobre tu ser y que ha traído dolor, tensión, ira y rencor a tu corazón herido?

El conoce todos tus caminos y espera honestidad ante su presencia. El pecado de otros trae ira a tu vida y debes liberarla ante El. No más autoengaño, no más argumentos, no más mecanismos de defensa: Trae todo a su presencia, libera tu ansiedad porque El quiere sanarte y restaurarte.

PARA REFLEXIONAR:

¿Prefieres no confesarle a Dios tus pecados por temor al castigo o al mandato de dejarlos?

¿No confiesas tus pecados a Dios porque no estas dispuesto a sumir tu responsabilidad y culpa por ello? ¿Usas la confesión como una forma de aliviar tus culpas para volver a cometer el mismo pecado?

PARA RECORDAR:

"Te manifesté mi pecado y no encubrí mi iniquidad, dije: confesaré mis transgresiones al Señor y tu perdonaste la culpa de mi pecado"

(Salmo 32:5). "Humilláos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que El os exalte a su debido tiempo, echando toda vuestra ansiedad sobre El, porque el tiene cuidado de vosotros" (I Pedro 5:6).

PARA MEDITAR:

"Señor, no me reprendas en tu enojo, ni me castigues en tu furor. Porque tus saetas se han clavado en mi, y sobre mí ha descendido tu mano. Nada hay sano en mi carne a causa de tu indignación; en mis huesos no hay salud a causa de mi pecado. Porque mis iniquidades han sobrepasado mi cabeza; como pesada carga, pesan mucho para mí. Mis llagas hieden y supuran. A causa de mi necedad, estoy encorvado y abatido en gran manera, y ando sombrío todo el día.

Porque mis lomos están inflamados de fiebre, y nada hay sano en mi carne. Estoy entumecido y abatido en gran manera; gimo a causa de la agitación de mi corazón. Señor, todo mi anhelo está delante de ti, y mi suspiro no te es oculto. Palpita mi corazón, mis fuerzas me abandonan, y aún la luz de mis ojos se ha ido de mí. Mis amigos y mis compañeros se mantienen lejos de mi plaga, y mis parientes se mantienen a distancia. Los que buscan mi vida me tienden lazos; los que procuran mi mal hablan de mi destrucción, y traman traición todo el día. Más yo, como el sordo, no oigo; soy como el mudo que no abre la boca.

Si, soy como el hombre que no oye, y en cuya boca no hay réplica. Porque en ti espero, oh Señor; tú responderás, Señor, Dios mío. Pues dije: Que no se alegren de mí los que, cuando mi pié resbala,se engrandecen sobre mí. Porque yo estoy a punto de caer, y mi dolor está continuamente delante de mi.

Confieso, pues, mi iniquidad; afligido estoy a causa de mi pecado. Pero mis enemigos son vigorosos y fuertes; muchos son los que sin causa me aborrecen. Y los que pagan mal por bien se me oponen, porque yo sigo lo bueno. No me abandones, oh Señor; Dios mío, no estés lejos de mi. Apresúrate a socorrerme, oh Señor, salvación mía". (Salmo 38)

Debes recordar que Dios conoce todo lo que por temor o vergüenza no quieres decirle. Confesarlo té acerca a Él, te sientes perdonado y te liberas del temor al castigo.

La confesión debe hacerse por la propia voluntad, con corazón dispuesto, humillado y arrepentido. Con el firme propósito de no volver a caer.

Si has confesado tus pecados, estás arrepentido, dispuesto a cambiar eres perdonado por Dios, por tanto debes aprender a perdonarte a ti mismo.

Tu justificación y perdón viene del Señor; no debes escuchar tu voz interior de condenación; ni a voz de tu prójimo. Escucha solo la voz de Dios, que te habla en su palabra...

" Ningún arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se alce contra ti en juicio. Esta es las herencia de los siervos del Señor y su justificación viene de mi" (Isaías 54:17).

"Si cierro los cielos para que no haya lluvia, o si mando la langosta a devorar la tierra, o si envío la peste entre mi pueblo, y se humilla mi pueblo sobre el cual es invocado mi nombre, y oran, buscan mi rostro se vuelven de sus malos caminos entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra" (2 Crónicas: 13,14). "He disipado como densa nubes tus transgresiones, y como espesa niebla tus pecados, vuélvete a mí, porque yo te he redimido"(Isaías 44:22).

Eres hijo de Dios, perdonado, por lo que siempre debes recordar los siguientes versículos bíblicos:

"Compasivo y clemente es el Señor, lento para la ira y grande en misericordia. No contenderá para siempre, ni para siempre guardará su enojo. No nos ha tratado según nuestros pecados, ni nos ha pagado conforme a nuestras iniquidades" (Salmo 103:8-10)

PARA REFLEXIONAR:

¿Sientes en el fondo Que Dios no te ha perdonado?

¿Sientes que mereces trabajar para Dios para que te perdone los pecados?

¿Piensas que es egoísta querer tener bendiciones de parte de Dios aunque otros no las tengan?

¿Confiesas una y otra vez el mismo pecado de tu pasado a Dios?

PARA RECORDAR:

"¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros" (Romanos 8: 33,34).

"Por consiguiente. No hay condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al espíritu" (Romanos 8:1). "Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo" (Romanos 5:1).

ESCRIBE UNA ENSEÑANZA PARA APLICACIÓN EN TU VIDA:

PARA MEDITAR :

"¡Cuán bienaventurado es aquel cuya transgresión es perdonada, cuyo pecado es cubierto! ¡Cuán bienaventurado es el hombre a quien Él Señor no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño! Mientras callé mi pecado mi cuerpo se consumió con mi gemir durante todo el día. Porque día y noche tu mano pesaba sobre mí; mi vitalidad se desvanecía con el calor del verano. Te manifesté mi pecado, y no encubrí mi iniquidad. Dije; Confesaré mis transgresiones al Señor; y tu perdonaste la culpa de mi pecado. Por eso que todo santo ore a ti en el tiempo en que puedas ser hallado; ciertamente, en la inundación de muchas aguas, no llegarán éstas a él.

Tú eres mi escondedero; de la angustia me preservarás; con cánticos de liberación me rodearás. Yo te haré saber y te enseñaré el camino en que debes andar. Te aconsejaré con mis ojos puestos en ti. No seáis como el caballo o como el mulo, que no tienen entendimiento; cuyos arreos incluyen bocado y freno para sujetarlos, porque si no, no se acercarán a ti. Muchos son los dolores del impío, pero al que confía en el Señor, la misericordia lo rodeará. Alegraos en el Señor y regocijaos justos; dad voces de júbilo, todos los rectos de corazón"(Salmo 32).

Debes recordar que Dios quiere que asumas su paz en el perdón. Tienes paz para con Dios, entonces vive en paz contigo mismo porque no hay condenación en El.

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